15/8/17

Filosofía China

El Confucianismo es un sistema de ideas concebido por Confucio, al que los chinos llaman Primer Maestro. Confucio nació en 551 a.C., vivió una época de caos en China. Entregó un conjunto de ideas sobre como restaurar el orden de la sociedad. Su interés en la filosofía era ético y político, no espiritual. Se preocupaba por la conducta.

De acuerdo con Confucio, la clave de la conducta apropiada era conducirse según el Tao “camino”.
El deber y la humanidad eran elementos importantes del Tao. El concepto de deber significaba que todas las personas tenían que subordinar sus intereses a las necesidades generales de la familia y la comunidad. Este concepto de deber se expresa a menudo como una “ética del trabajo”. Si toda persona se esfuerza por cumplir su deber, la sociedad prospera. El concepto de humanidad consiste en un sentimiento de compasión y empatía por los demás. Confucio enseñaba a “no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros”. Creía que el gobierno no debía limitarse a las personas de cuna noble, sino que debía estar abierto a todos los hombres. Sus ideas no repercutieron durante su vida, pero después de su muerte, en 479 a.C., su mensaje se difundió por toda China, hasta ahora, casi todo alumno chino estudia sus enseñanzas.

El Taoísmo era un sistema de ideas basado en las enseñanzas de Lao-tse.
De acuerdo con la tradición, Lao-tse, el Viejo Maestro, vivió en la época de Confucio. Los estudiosos no saben si Lao-tse realmente existió, pero las ideas que se le asocian se hicieron populares en los siglos V y IV a.C. Las principales ideas del taoísmo están contenidas en el Tao Te King (“El camino del tao”). Como el confucianismo, el taoísmo no se interesa por el significado del universo, sino por las formas adecuadas de conducta. Sin embargo, sus ideas sobre el comportamiento de las personas difieren de las ideas de Confucio. Los taoístas creían que la verdadera manera de seguir la voluntad del cielo no era la acción, sino la inacción. La mejor manera de actuar en armonía con el universo era actuar espontáneamente y dejar que la naturaleza siguiera su curso sin interferir con ella.

La tercera filosofía que se popularizó en China fue el Legalismo.

Los legalistas creían que los seres humanos son malos por naturaleza. Sólo era posible encauzarlos por la vía correcta mediante leyes y castigos severos. Los legalistas creían que hacía falta un gobernante fuerte para establecer una sociedad ordenada. El gobernante no necesitaba tener compasión por las necesidades de la gente. El miedo de un castigo duro haría que la gente sirviera a los intereses del gobernante. Esto mantendría el orden y la estabilidad en la sociedad.
 

13/8/17

Dinastía Chou (Zhou)


Con el tiempo, el gobernador del estado de Chou se rebeló contra el último regidor de la dinastía Shang y estableció una nueva dinastía. La dinastía Chou duró casi nueve siglos (1.045 a 256 a.C.). Fue la más prolongada de la historia china. Conservó el sistema político de los gobernantes Shang.

Al frente del gobierno estaba el rey Chou, como en la dinastía Shang, había dividido el reino en territorios gobernados por los funcionarios que nombraba que eran aristócratas. El rey estaba a cargo de la defensa y controlaba grandes ejércitos. Los reyes Chou también realizaron algunos cambios.
La dinastía Chou afirmaba que gobernaba China porque tenía el mandato del cielo. Se creía que el cielo mantenía el orden del mundo a través del rey Chou. El cielo elegía al rey por su talento y virtud. Se esperaba que imperara de acuerdo con el “Camino” apropiado, llamado Tao. Era su deber complacer a los dioses para proteger al pueblo de malas cosechas o desastres. Si fallaba, podía ser destronado, lo que le dio al pueblo el “derecho de la revolución”. El rey como tal no era una divinidad y podía ser remplazado.

El mandato del cielo llevó a un esquema de ciclos dinásticos. Desde el comienzo de la historia china hasta 1.912 d.C., China fue gobernada por una serie de dinastías. Cada una decía que gobernaba por mandato del cielo. Establecía su poder, conseguía gobernar muchos años y comenzaba a declinar. Rebeliones o invasiones originaban su caída, tomaba el control otra dinastía y se repetía el ciclo. La dinastía Chou siguió este ciclo de ascenso, ocaso y caída. Algunos territorios del reino Chou se convirtieron en estados poderosos que desafiaron al gobernante Chou.

En 403 a.C. estalló una guerra civil que inició la etapa de la historia china llamada “periodo de los estados guerreros”. Para esta época había cambiado el arte de la guerra. Se usaban armas de hierro. Aparecieron por primera vez los soldados de a pie (la infantería) y a caballo (la caballería). La caballería estaba armada con ballestas, un invento chino del siglo VII a.C. En 221 a.C. uno de los estados guerreros, el estado de Qin, tomó el control y creó una nueva dinastía.

Durante la dinastía Chou, los campesinos trabajaban las tierras de los señores (los aristócratas), pero también tenían tierras propias. Artesanos y mercaderes vivían en poblaciones amuralladas. Los mercaderes no eran libres, sino que se consideraban propiedad de los señores. También había una clase de esclavos. El comercio consistía principalmente en el intercambio de artículos de uso cotidiano. Con el tiempo se expandió y abarcó productos de lugares lejanos, como sal, hierro, tela y artículos de lujo. Uno de los bienes más importantes que comerciaba China era la seda.

Para el siglo VI a.C. estaba muy difundido el riego. Grandes proyectos hidráulicos controlaban el flujo de los ríos y repartían el agua uniformemente en los campos. El uso del hierro trajo la fabricación de arados de ese metal, lo que abrió al cultivo tierras que no se habían dedicado a la agricultura. Gracias a estos avances agrícolas, la población de China llegó a 50 millones de personas en la dinastía Chou.
Hacia el final de la dinastía Chou surgieron en China tres importantes escuelas de pensamiento o filosofías. Los filósofos chinos estaban preocupados por el mundo en el que vivía la gente y en cómo crear un orden en él.

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7/8/17

Dinastías Xia y Shang

La civilización china comenzó hace más de 4.000 años con la dinastía Xia (2.205 a 1.766 a.C.), reconocida como la más antigua de la historia china, forma parte de las Tres Dinastías Antiguas o dinastías hereditarias junto con la dinastía Shang y Chou (Zhou). Se sabe poco de esta dinastía, y fue sustituida por la Shang, que duró aproximadamente de 1.750 a 1.122 a.C.

Comienza así la sucesión hereditaria y por tanto, las dinastías con el Gran Yü (Si Wen Ming). La sucesión se daba de padre a hijo y reinaron un total de 17 reyes de “mandato celeste” durante un total de 417 años. Se sabe que Bu Jiang abandonó el trono y se lo dejó a su hermano, y dicen que Kong Jia sirvió a demonios y duendes, fue inmoral y había adorado a Shang-ti, el dios supremo de los Shang. Se deduce que por lo menos durante un tiempo, ambas dinastías fueron contemporáneas y que la Xia se unió a la Shang.
El núcleo de la cultura se dio en el río Amarillo (Huang He) y su capital estaba ubicada en la desembocadura, hoy conocida como Henan. Se sabe por estudios arqueológicos que hacían alfarería decorada con líneas y que se encontraban en la Edad de Bronce, a pesar de la temprana edad, sabían fundirlo y usar moldes, perfeccionando la técnica en la dinastía Shang.
La cultura era agraria, tenían una ganadería desarrollada y se trataba de una sociedad con clases definidas.

El río Huang He (río Amarillo) tiene más de 2.900 millas, se extiende desde Mongolia al Océano Pacífico. El río Yangtze o Chang Jiang (río Azul o río Largo) es el tercero más largo del mundo, tiene más de 3.400 millas, fluye a través de China central y desemboca en el Mar Amarillo. En la Antigüedad, los valles de estos ríos fueron una de las zonas de mayor producción de alimentos. Pero no todo el territorio de China es fértil, solo un 10 por ciento del territorio total se presta para la agricultura, buena parte del resto consta de montañas y desiertos. Las montañas y desiertos han cumplido una función importante en la historia china, fueron barreras que separaron a los chinos de otros pueblos asiáticos. En las regiones creadas por las montañas y los desiertos se encontraban pueblos de origen mongol, indoeuropeo y turco. Con frecuencia había conflictos entre estos grupos y los chinos.

La dinastía Shang fue una sociedad agrícola. La gobernaba una aristocracia cuyo mayor interés era la guerra. Una aristocracia cuya riqueza se basa en la tierra y el poder se pasa de una generación a otra. Había grandes ciudades en la China de Shang. Esas ciudades tenían muros enormes, palacios y tumbas reales grandes. El rey Shang gobernaba desde la ciudad capital de Anyang, su reino se dividía en territorios a cargo de señores militares. El rey escogía estos señores y podía retirarlos. El rey controlaba grandes ejércitos, que muchas veces combatían en las fronteras del reino.
Los gobernantes Shang pensaban que podían comunicarse con los dioses para que los ayudaran en sus asuntos. Los sacerdotes escribían las preguntas en huesos para recibir las contestaciones de los dioses. Estos huesos se llamaban huesos oraculares. Los sacerdotes golpeaban los huesos con varas metálicas calentadas, de modo que los huesos se rompían. A continuación, los sacerdotes interpretaban las grietas como respuestas de los dioses.
Los chinos estaban convencidos de que había una vida después de la muerte. Sacrificaban seres humanos para ganarse el favor de los dioses y dar compañeros al rey y su familia en su viaje al otro mundo. De esta creencia en la vida futura procedía su idea de la veneración de los antepasados (el llamado “culto a los ancestros”). Los chinos creían que los espíritus de sus antepasados traían el bien o el mal a los familiares vivos; por eso era importante tratarlos bien.

El rey y su familia estaban en la cúspide de la sociedad Shang. Los ayudaban las familias aristócratas. Los aristócratas emprendían la guerra y también eran los principales terratenientes. La mayoría del pueblo se formaba por campesinos que cultivaban la tierra de los aristócratas. La sociedad Shang incluía también un número pequeño de mercaderes y artesanos. La dinastía Shang se conoce por su dominio del arte de fundir el bronce. Han sobrevivido miles de objetos de bronce de este periodo, se encuentran entre las creaciones más admiradas del arte chino.

La familia era la unidad económica y social básica de China. Los chinos creían en la noción de la piedad filial. El adjetivo filial se refiere a los hijos y las hijas. La piedad filial es el deber de los integrantes de la familia de subordinar sus necesidades y deseos a los del hombre jefe de la familia. Cada integrante tenía su lugar. Las personas tenían que colaborar para trabajar la tierra. Los hijos eran importantes porque trabajaban la tierra de jóvenes. Más tarde, se esperaba que se ocuparan del trabajo manual en las tierras de la familia y que se encargaran de sus padres cuando envejecieran. Los hombres eran importantes porque trabajaban en los campos y proveían alimento a su familia. También eran guerreros, eruditos y funcionarios gubernamentales. Las mujeres criaban a los hijos y trabajaban en el hogar.

Quizás la aportación más importante de la antigua China fue un lenguaje escrito. En la época de la dinastía Shang, los chinos habían ideado una escritura simple que es antecesora del complicado lenguaje escrito que usan los chinos de hoy. Era básicamente de forma pictográfica e ideográfica. Los pictogramas son imágenes simbólicas, llamadas caracteres, que forman una imagen del objeto que representan. Los ideogramas son caracteres que combinan dos o más pictogramas para representar una idea.
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30/7/17

Arqueología China (V)


China es un país plurinacional y la investigación arqueológica puede desarrollar un papel muy importante en el estudio de estas nacionalidades y su desarrollo histórico. En lo que respecta a la formación del mundo Han los datos arqueológicos muestran que estas gentes se desarrollaron en un territorio ocupado durante el neolítico por culturas muy distintas puesto que las diferencias entre la cuenca alta y baja del río Amarillo, en lo que respecta a sus establecimientos neolíticos, son muy marcadas y así se refleja en las antiguas leyendas históricas.
Las primeras fuentes escritas dicen que en el momento en que los Han de la llanura central empezaron a unirse con los Yi de la cuenca baja del río Amarillo eran aún distintos de las culturas Pa, Shuh, Ch'u, Wu y Yueh del valle del Yangtze y estas diferencias aparecen también en los materiales de estas culturas.
A través de los 800 años de la dinastía Chou estas nacionalidades del grupo lingüístico Han en el valle del Yangtze perdieron sus características pasando a formar parte integral del grupo Han-nacional ya no diferenciado de los otros. Con el advenimiento de la dinastía Han el desarrollo del grupo Han, o nacionalidad, se extendió hasta el extremo de absorber otros como el Min o Yueh meridional y si bien ello se comprueba con materiales arqueológicos por el momento éstos no permiten reconocer las fases de este proceso. Aún hoy existen en China minorías nacionales que no han conseguido identificarse con el grupo Han aunque forman parte de la comunidad actual. Las fuentes escritas sobre estos grupos y su formación son, generalmente, fragmentarias e insuficientes y deben completarse con los datos arqueológicos.

Ya se ha observado la variedad cultural que ofrece el neolítico sínico. Respecto a la Edad de Bronce se observa que lo dicho para el grupo Han puede ser válido para otras dinastías. Los restos de la Edad del Bronce descubiertos en la zona de Kirin-Ch'ang-Ch'un pueden corresponder a las tribus Su Shen de la dinastía Chou.
En Mongolia Interior y en la provincia de Lisoning se han descubierto tumbas pertenecientes al Han occidental, con puñales de bronce y que han provocado muchas discusiones respecto a su atribución. Algunos las atribuyen a los hunos, otros a las tribus Hu orientales pero gracias a las inscripciones funerarias pueden identificarse algunas tumbas, como las del reino de Kao Ku Li en Kirin y Lisosing, la tumba de la princesa Chen Hui del reino de Po Mai de la dinastía T'anf o las tumbas de la dinastía Liso (916-1125 d.C.), de las tribus Ch'i Tan del NE de China y de Mongolia Interior y las tumbas Wei Septentrional excavadas en Mongolia Interior pertenecen a las tribus Hsien Pei.
Entre los restos del grupo mongol de la dinastía Yuen puede citarse la ciudad de Shang Tu o Ta Wing Ch'eng que fue el centro espiritual de la dinastía Liso y aún pueden añadirse otros restos hallados en Mongolia Interior que pertenecen a la dinastía Yuan. Así en Sinkieng aw han reconocido varias ciudades antiguas y excavado otras como las de Ho Tien, Kucha, Y Chih, o Karashahr, y Turfan que han ofrecido materiales comprendidos entre las dinastías Han y T'sang.
En la localidad de Chao Hu, en el norte de Sinkiang, se han excavado algunas tumbas de túmulo que parecen pertenecer a las tribus turcas T'u Chueh de la edad media. Las excavaciones en la provincia de Ch'ing Hei han permitido reconocer restos que deben atribuirse a las tribus Ch'ing Hei han permitido reconocer restos que deben atribuirse, al parecer, a las tribus Ch'inng de las dinastías Chou y Han y que, posteriormente, se incorporaron en parte al grupo Tibetano.
Desde 1.959 se han realizado varios trabajos de exploración en el Tibet. Una serie de hallazgos de Chai Shan, Yumnnan, muestran vestidos y tocados semejantes a los que debieron llamar las "tribus Tien" y que es sabido eran un conjunto de diferentes grupos nacionales. Algunas pueden haber sido las tribus Sui, K'un Ming y Mi Ho citadas en los Shin Chi o, "Documentos Históricos" escritos por Seuma Chien (145-86 d.C.), el más importante de los historiadores chinos.
Algunos restos atribuibles al reino de Nan Chao (649-902 d.C.) y de Ta Li (937-1253 d.C.) han sido excavadas en la provincia de Yunnan.
Al grupo Chuang se atribuyen hoy las pinturas rupestres en los abrigos de Mus Shan y otras localidades de la provincia de Kwangsi y parecen corresponder a la época de las dinastías Tang o Sung. Las más importantes, debido a su cromatismo y abundantes hallazgos, son las descubiertas en Shih Chsi Shan y ofrecen una viva descripción de una sociedad que era prácticamente desconocida.

Fuentes:

27/7/17

Arqueología China (IV)


Durante la Edad de Bronce los reinos de Shang-Yin y Chou en el valle del río Amarillo aparecen como sociedades de tipo esclavista. En 1.950 se excavó una gran tumba del último período de la dinastía Shang-Yin en Kuan, provincia de Honan. En el interior de la tumba y en los pozos de sacrificios junto a la misma se hallaron restos humanos que demostraron la realización de unos trescientos sacrificios humanos, probablemente de servidores esclavos.
También las tumbas, de tipo medio, de Chengchow, Huihsien y Anyang ofrecieron pruebas de la celebración de sacrificios humanos. En algunas tumbas pertenecientes al comedio del período Chou occidental, singularmente en la de Chang Chia P'o se comprobaron los restos de sacrificios humanos pero a partir de este momento el sacrificio humano se documenta en muy raras ocasiones lo cual puede ser debido a un mayor perfeccionamiento del régimen de esclavitud que condujo a una mayor valoración del esclavo como productor de bienes de consumo.

Según la leyenda, la organización estatal apareció en China con los inicios de la dinastía Xia (s. XX-XVI a.C.). Hasta 1.949 no se conocían restos más antiguos que los de Yin Hsu, la antigua capital Yin en Anyang, Honan y que pertenecen a fines del período Shang-Yin.
En los últimos años se han realizado varios hallazgos. Entre los anteriores a este yacimiento pueden incluirse los de Hsiao T'un y Erh Li Kiang, Chengchow y aún son más antiguos los de Lo Ta Miso y Erh Li T'ou en Honan, caracterizados por pequeños objetos de bronce o cobre y vasos de tipo Ku y Chue, boles. Aunque no hay acuerdo entre los investigadores respecto a la atribución de la cultura de Erh Li T'ou al pueblo Hsia (Xia) o bien a los antepasados de los reyes Shang-Yin. Sin duda los investigadores han conseguido establecer algunos jalones para el estudio del origen del estado en China pero el problema se halla aún muy lejos de poder ser considerado como resuelto.

A medida que nos acercamos a la sociedad de clanes aumenta el material disponible. Se observa la aparición de fosos o muros, en ocasiones de ambos, con el fin de defender los poblados como en el caso del yacimiento de Pampo junto a Siân. A medida que se acusa la división de clases las necesidades de defensa son mayores y las clases dirigentes disponen con mayor frecuencia la construcción de fosos y murallas. En esta organización social las ciudades se convierten en los centros políticos, económicos y culturales de la época. Durante el período Chou oriental (770-221 a.C.) se desarrollaron varias ciudades de gran importancia como Lin Tzu, Hais Tu, Han Tan, Hsin Cheng y Chi Nan capitales de los reinos de Ch'i, Yan, Chao, Cheng, Han y Ch'u. Todas ellas aparecen defendidas por murallas de tierra apisonada pero que, a pesar del material utilizado, se han conservado en parte. Durante los últimos años se han estudiado estas ciudades, protegido sus restos y, durante varias campañas, se ha excavado una ciudad Chou oriental, en Shansi quizá identifiable con Hsin Tien la capital del reino Chin, una de las ciudades más prósperas durante el "Período de los Estados Guerreros". Lo conservado de la misma comprende murallas, fosos y otras construcciones. También se han emprendido trabajos de excavación en Hsienyang, la capital de la dinastía Chin, situada en las proximidades de Sian, así como los restos de dos ciudades próximas a Ch'ang An pertenecientes a las dinastías Han y Tang descubriéndose las puertas de las murallas, palacios, calles y mercados.

Se han realizado estudios preliminares de los restos de la antigua ciudad de Loyang, de las dinastías Han y Wei, y de la nueva Loyanf de la dinastía Tang. Con estos trabajos, los arqueólogos habrán conseguido reconocer no sólo el urbanismo y técnica arquitectónica utilizados sino también obtener datos respecto a la situación política y económica.

Continuará...

23/7/17

Aqueología China (III)


Peilikan y Cishan son precursoras de la cultura de Yang-shao (7.000-5.000 a.C.), cuyo primer yacimiento se descubrió cerca del pueblo homónimo de la provincia de Henan, que fue la primera en abarcar una gran área que se extendía a lo largo del tramo central del río Amarillo, por las actuales provincias de Henan, Gansu, Shanxi y Shaanxi, caracterizada por su cerámica hecha a mano (sin horno) y pintada (generalmente en rojo o en policromía) con dibujos de animales e inscripciones (en negro) que podrían ser el primer antecedente conocido de los caracteres chinos de escritura. De vida sedentaria, su economía se basaba tanto en la agricultura como en la caza y la pesca.

El yacimiento de Banpo (provincia de Shaanxi) ha permitido reconstruir un poblado en el que destacaba la organización comunal. De estructura circular, alrededor de un edificio situado en el centro, en el que se celebraban las actividades comunales, se agrupaban las viviendas, almacenes y establos; todo ello rodeado de un foso defensivo, a cuyo lado norte se encontraba el cementerio y al este, los hornos cerámicos. En este yacimiento, además de mucha cerámica, se han hallado agujas de hueso y otros materiales que indican el conocimiento del hilado y el tejido del cáñamo.
Las gentes de Yang-shao cultivaban grandes cantidades de mijo, además de algo de trigo y arroz, y al parecer practicaban una primitiva forma de crianza de gusanos de seda. Domesticaban sobre todo cerdos y perros, además de ovejas, cabras y vacas, pero la mayoría del consumo cárnico provenía de la caza y la pesca. Sus herramientas de piedra eran pulidas y muy especializadas. Existían al menos dos clases sociales (dirigentes y súbditos), hay pruebas de una incipiente organización gremial.

Una cultura semejante es la de Majiayao, desarrollada en las actuales provincias de Gansu y Qinghai. Mientras tanto, en el sur florecería la cultura de Dawenkou (4.000-3.000 a.C.), caracterizada por su cerámica de pasta gris y roja, alternando con el negro y el blanco, frágil y decorada no solo con pintura, sino también con incisiones o perforaciones, utilizando en su fabricación el torno y una mayor riqueza de formas. Son característicos también los ornamentos de piedra, jade y hueso; las ciudades amuralladas, y los ricos sepelios en tumbas con repisas repletas de objetos, cámaras de ataúdes y enterramiento conjunto de dientes de animales, cabezas y mandíbulas de cerdo.

Contemporánea es también la cultura de Long-shan, localizada en la provincia norteña de Shan-dong entre los años 4.000 y 3.000 a.C. y que ya marca el comienzo de la unidad territorial y política de la gran llanura del norte de China. Long-shan también señaló la transición hacia el establecimiento de auténticas ciudades, indicado por los vestigios de muros de tierra prensada. Basada, igual que las anteriores, en la agricultura (con un claro predominio del mijo y el arroz) y la ganadería (cerdos, ovejas, cabras y vacas), contaba ya con instrumentos de piedra de puntas pulimentadas, así como cuchillos. Su cerámica, ya torneada, es gris y negra con una decoración de cuerda y ausencia total de motivos figurativos. Sus formas más habituales, de una mayor robustez, eran la de recipientes para almacenar alimentos con asas y tapas, o trípodes para su cocción. Además, sus bellos objetos de jade la vinculan con otras culturas que trabajaban la misma piedra en la costa Este, como la de Liangzhu. La gran calidad de los objetos de artesanía Long-shan sugiere un cierto nivel de especialización que a su vez, hace suponer una evolución de la estratificación social.
El número de muertes violentas entre la población también hace pensar en periódicos conflictos sociales. Su cultura material muestra diferencias mínimas con respecto a la fase anterior, tales como el uso de cuchillos de piedra semilunares para cosechar, la aparición de sellos de alfarero sobre las vasijas y la práctica de la adivinación mediante quemado de huesos de animales, preferentemente omóplatos.

La cultura se extendió rápidamente por el sur hasta Cantón y Taiwán. En esa misma época, surgirían otras culturas en el delta del Yangtzé, como la Hemudu (5.000-3.000 a.C.), localizada en la provincia de Zhejiang, y posteriormente, la de Liangzhu (3.300-2.200 a.C.), considerada su heredera; la de Hongshan (4.000-2.500 a.C.), en la actual Mongolia interior, en la que ya se fabricaban amuletos de jade y que presenta un gran desarrollo de los ritos funerarios; la de Dadiwan, en Gansu, etc.
La cultura de Hemudu se caracterizó por una cerámica de pasta negra en cuya composición se ha encontrado mezcla de materiales orgánicos. En el lugar de los cereales de las culturas del norte, allí se cultivaba mayormente arroz, iniciando hace unos 7.000 años, la base de la agricultura y alimentación características chinas.

Por su parte, la cultura Hong-shan se fundaba en un sistema social estratificado, dirigido por tres niveles superiores, cuyos miembros eran objeto de culto en complejos sepelios. Si en cuanto a organización social todas tenían unas características comunes, se nota una gran variedad en su producción artística, considerando como tal los restos materiales llegados hasta nuestros días, principalmente la cerámica y el jade. El dominio de estos dos materiales demuestra la pujanza y el grado de civilización de estas culturas. En principio, toda la producción de cerámica y jade estuvo íntimamente ligada a los rituales, aunque tal vez en el siglo III a.C., pasó a elaborarse por simple placer estético. En este sustrato cultural surgirían las figuras semi legendarias del Emperador Amarillo y del resto de los Tres Augustos y Cinco Emperadores, Yu el sucesor del último de estos, fundaría la dinastía Xia.

Continuará... 

21/7/17

Arqueología China (II)

                                                 Hombre de Pekín

Algunos paleontólogos chinos han asegurado que el chino moderno y posiblemente otros grupos étnicos, son descendientes del Hombre de Beijing, un homínido que ya caminaba erguido, tenía capacidad para hablar y podía utilizar las manos como herramientas. Sin embargo, la investigación genética no sostiene tal hipótesis.
Los estudios más recientes demuestran que la diversidad genética del chino moderno encaja a la perfección en el patrón general de la población mundial. Esto parece demostrar que no hubo la pretendida mezcla entre los inmigrantes humanos modernos a Oriente y el Hombre de Beijing, y confirma que los chinos provienen (como todos) de África, lo que concuerda con la ahora popular hipótesis del origen único. En todo caso, el Hombre de Beijing era ya un cazador-recolector que se alimentaba de caza mayor (especialmente ciervos), a la que perseguía con antorchas y palos, y que también sabía talar árboles, labrar y utilizar herramientas sencillas de piedra (con las que tallaba otras más especializadas de hueso y madera para cortar carne y pieles). Asimismo, conservaba el fuego con que se calentaba y cocinaba (aunque seguramente no lo encendía) y llegada la necesidad, practicaba el canibalismo.

Entre los homínidos y antepasados humanos encontrados en China; se podrían citar también el Hombre de Dali, que vivió en Yunnan entre 230.000 y 180.000 años; el Hombre de Fujian, hace unos 200.000 años; el Hombre de Maba, en Cantón, hace unos 130.000 años, o el Hombre de Dingcun, en la provincia de Shanxi, hace unos 100.000 años. Todos ellos, y especialmente el último, eran ya mucho más evolucionados física y mentalmente que los anteriores y utilizaban herramientas, aún de piedra, con mucha mayor precisión y destreza. Aunque el Homo Sapiens como tal, hizo su aparición en China hace unos 40.000 años.

El llamado «Hombre de la Caverna Superior», del mismo complejo arqueológico de Zhoukoudian en que también se halló al Hombre de Beijing vivió hace 18.000 años y ya mostraba un grado mucho más complejo de evolución respecto a otras culturas del sur del país. Seguía siendo cazador y recolector, pero también pescaba y sabía pulir, tallar, perforar e incluso teñir sus manufacturas. Entre sus restos se han encontrado, por ejemplo, agujas de coser, herramientas teñidas, enterramientos rociados con hematina (lo que indicaría que ya practicaba algún tipo de rito religioso y culto a los antepasados) y conchas de moluscos marinos (de lo que se deduce su actividad comercial o bien que realizaba expediciones a larga distancia).

Por entonces, el sur comenzó a acercarse al grado de evolución de los grupos humanos del norte. Hace unos 10.000 años se empezó a cultivar arroz en la cuenca del río Yangtzé y poco después, mijo en el norte de la provincia de Henan. En el VIII milenio a.C., las culturas de la zona del valle del río Amarillo se hicieron sedentarias. Un milenio después comenzaría la domesticación de animales. Fue aquel el comienzo de lo que actualmente conocemos como «civilización china», los primeros vestigios neolíticos de la civilización Han, que acabaría asimilando en mayor o menor medida a las otras culturas surgidas en el sur y oeste del país.
A esas alturas del Neolítico ocurrieron cambios importantes para los chinos primitivos cuando grandes grupos empezaron a vivir en asentamientos, cultivando la tierra y domesticando a los animales, al mismo tiempo que elaboraban herramientas con piedras pulidas y construían en hondonadas chozas en forma de colmena y cubiertas con techos de paja.

Los restos de este tipo de asentamientos se han encontrado, principalmente, en el área de los grandes bancos del río Amarillo, en las planicies del norte de China, donde a pesar de la severidad del invierno, se dan buenas condiciones para la agricultura y que, de hecho, es una zona muy semejante a otras cunas de las civilizaciones fluviales arcaicas, tales como Mesopotamia o el Valle del Nilo egipcio. Allí, entre los milenios VII y VI a.C., surgieron las primeras civilizaciones plenamente neolíticas, Peilikan y Cishan, ya sedentarias y basadas en la agricultura (mijo, principalmente), la ganadería (perros, cerdos y pollos), la recolección (nueces y frutas del bosque) y la caza (ciervos y animales más pequeños), ya producían cerámica (no decorada) y vivían en aldeas con almacenes subterráneos y cementerios de tumbas sencillas en las que, junto al cadáver, se enterraban herramientas y cerámica.

Continuará... 

19/7/17

Arqueología China (I)

                                           Cueva de Renzidong

El territorio que actualmente ocupa la República Popular China, ha estado poblado desde hace miles e incluso millones de años. De hecho, los hallazgos arqueológicos demuestran que China pudo ser uno de los escenarios, junto con África, donde surgió la sociedad humana.

Se han encontrado restos de homínidos que constituyen los antepasados más remotos del hombre. Por ejemplo, los hallados en 1.998 en el poblado Suncun, en el sector de Fanchang, en las montañas Lailishan, cerca de la ciudad de Wuhu, provincia de Anhui, a los que se dio el nombre de “Hombre de Renzidong”, datados hace unos dos millones de años.
Los restos del Hombre de Yuanmou, dos dientes fosilizados de hace 1.700.000 años, fueron encontrados en 1.965 cerca de la ciudad de Danawu, en la provincia de Yunnan, junto a varias herramientas que demuestran el relativamente avanzado grado de evolución de aquellos homínidos.
Más reciente es el Hombre de Lantian, descubierto en esta localidad de la provincia de Shaanxi en 1.963. Primero se halló una mandíbula y poco después un cráneo que incluía los huesos nasales, el maxilar derecho y tres dientes. Se cree que estos fósiles pertenecieron a hembras que vivieron entre 530.000 y 1 millón de años.
El primero es el fósil más antiguo encontrado en el norte de Asia de un homínido que caminaba erguido y los científicos lo clasifican como una subespecie del Homo erectus. Su capacidad craneal se estima en 780 cm3., similar a la de su contemporáneo el Hombre de Java. En el mismo estrato y cerca de sus restos se encontraron objetos tallados, especialmente guijarros y cenizas, cuya presencia sugiere que ya usaba herramientas y conocía el fuego (aunque quizás aún no lo dominaba).

El Hombre de Nanjín, del que se encontraron dos cráneos (uno de cada sexo) en una cueva de las montañas Tang, en Nanjín, fue datado, en el caso de la mujer, entre hace 580.000 y 620.000 años; el varón es al parecer, de hace unos 300.000 años. Pero sin duda, el más famoso y más estudiado de todos los fósiles es el llamado “Hombre de Beijing”, catalogado como Homo erectus pekinensis o Sinan-thropus pekinensis. Sus primeros restos se descubrieron en una cueva de la localidad de Zhoukoudian, al sudoeste de la actual capital china, entre 1.921 y 1.937, y datan de hace entre 250.000 y 500.000 años. Es especialmente popular porque en el momento de su descubrimiento fue considerado el primer «eslabón perdido» que justificaba la teoría de la evolución.
En estas mismas cavernas de las zonas altas de Zhoukoudian se han encontrado artefactos de hace unos 40.000 años, contemporáneos del Cromagnon europeo, una de las primeras subespecies del Homo Sapiens, que fabricaba utensilios de huesos y piedra, confeccionaba ropa con pieles de animales y sabía hacer fuego.

Continuará ...

14/7/17

Pequeña Edad de Hielo (II)


Según la nueva investigación, publicada en la revista Geophysical Research Letters, gigantescas erupciones volcánicas en el trópico iniciaron una cadena de efectos sobre el clima. La Pequeña Edad de Hielo comenzó repentinamente entre los años 1.275 y 1.300 d.C. tras sucederse cuatro erupciones volcánicas masivas en el trópico, unos episodios que duraron unos 50 años.
La persistencia de veranos fríos tras las erupciones se explica por la posterior expansión del hielo marino y un debilitamiento de las corrientes del Atlántico relacionadas, según las simulaciones computacionales realizadas para el estudio, que también analizó patrones de vegetación muerta y datos tomados del hielo y sedimentos.

Los científicos han teorizado que la Pequeña Edad de Hielo fue causada por la disminución de la radiación solar de verano, por volcanes en erupción que enfriaron el planeta al emitir sulfatos y otras partículas en aerosol que reflejaban la luz solar hacia el espacio, o por una combinación de las dos cosas.
«Esta es la primera vez que alguien ha identificado claramente el inicio específico de los tiempos de frío que marcaron la Pequeña Edad de Hielo», dice Gifford Miller, investigador de la Universidad de Colorado en Boulder y autor principal del estudio.
«También hemos explicado cómo este período frío pudo mantenerse durante tanto tiempo. Si el sistema climático es golpeado una y otra vez por el frío durante un período relativamente corto -en este caso, por erupciones de origen volcánico- parece que hay un efecto de enfriamiento acumulativo».
Nuestras simulaciones mostraron que las erupciones volcánicas pueden haber tenido un efecto de enfriamiento profundo, añade Bette Otto-Bliesner, científico del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica (NCAR) y coautor del estudio. «Las erupciones podrían haber provocado una reacción en cadena, afectando al hielo y a las corrientes oceánicas de una manera que disminuyó las temperaturas durante siglos».

Miller y sus colegas fecharon con radiocarbono cerca de 150 muestras de material vegetal muerto con las raíces intactas, recogidas en la isla de Baffin, en el Ártico canadiense. Encontraron un gran número de muestras de entre 1.275 y 1.300, lo que indica que las plantas habían sido congeladas y envueltas por el hielo por un acontecimiento relativamente repentino. El equipo halló un segundo repunte de muestras de plantas congeladas sobre el año 1.450, lo que indica un segundo enfriamiento.
Para ampliar el estudio, los investigadores analizaron muestras de sedimentos de lagos glaciares vinculados a la capa de hielo de 367 kilómetros cuadrados en el Langjökull, en la sierra central de Islandia, que llega a casi un kilómetro de altura. La capas anuales en los núcleos se volvieron repentinamente más gruesas a finales del siglo XIII y otra vez en el siglo XV debido al aumento de la erosión causada por la expansión de la capa de hielo que enfría el clima.

Los científicos emplearon un modelo que simula las condiciones del mar de 1.150 a 1.700 d.C., lo que reveló la existencia de grandes erupciones que podrían haber enfriado el hemisferio norte lo suficiente como para desencadenar la expansión del hielo marino del Ártico.
Para los científicos, una de las cuestiones para reflexionar sobre la Pequeña Edad de Hielo es lo inusual que resulta el calentamiento actual de la Tierra. Una investigación previa realizada por Miller en 2.008 en la isla Baffin indicaba que las temperaturas actuales son las más cálidas en los últimos 2.000 años.


11/7/17

Pequeña Edad de Hielo (I)


Entre los siglos X y XIV la región del Atlántico norte atravesó una época más cálida de lo habitual. La subida de las temperaturas permitió incluso que los Vikingos colonizaran Groenlandia. Este periodo es conocido como óptimo climático medieval, sin embargo tras este periodo cálido las temperaturas fueron cayendo sumiendo especialmente el norte de Europa en una Pequeña Edad de Hielo.

Este cambio climático, entre los siglos XIV y XIX, no sólo afectó la vida de la gente, también tuvo sus consecuencias en el curso de la historia mundial.
Una época de temperaturas anormalmente bajas que hizo que los hielos de los glaciares arrasaran pueblos enteros en los Alpes y se extendieran por los Pirineos, y que los ríos y canales de media Europa se congelaran. Las temperaturas bajaron en todo el planeta, pero especialmente en la zona del Atlántico Norte, aunque hubo un periodo de máximo entre 1.560 y 1.660. Cien años de malas cosechas, hambrunas, guerras y epidemias.
Fue principalmente durante esos difíciles cien años, en la Fase Fría de la Pequeña Edad de Hielo, en los que la Monarquía Hispánica marcaba el ritmo del mundo, y el oro y la plata de América se repartía, de una manera u otra, por toda Europa.

La influencia de este clima llegó incluso al sur de Europa. En España el Ebro se congeló siete veces entre los siglos XVI y XVIII. En Sierra Espuña, a treinta kilómetros de Murcia, se conserva una red de neveros para la producción y conservación de hielo durante todo el año, que después se distribuía a las ciudades y villas del Reino de Murcia.

La crisis general del siglo XVI y XVII en Europa estuvo marcada por la angustia económica generalizada, malestar social y una disminución significativa de la población. Una causa importante de los problemas de Europa en estos tiempos fue la contracción, inducida claramente por el clima, de la producción agrícola. El descenso de producción de alimentos, y como consecuencia el desabastecimiento de los mercados, se vio inmediatamente afectada negativamente por la reducción de la temperatura. Las consecuencias de estos cambios climáticos no se hicieron esperar empeorando el estado nutricional de la población e incrementándose las epidemias, el hambre, los disturbios sociales y finalmente las guerras y la migración de la población.
Aunque la producción agrícola disminuyó, la población siguió aumentando, lo que llevó a una mayor demanda en el suministro de alimentos y a un aumento, por ejemplo, en el precio del grano (elemento básico en la dieta). La inflación en los precios del grano provocaron dificultades para muchos. La gestión inadecuada de esa difícil situación por parte de las autoridades, ayudada a veces por la manipulación interesada de la población descontenta, desencadenaron graves problemas y conflictos sociales que acabaron algunos de ellos en rebeliones y revoluciones. Muchos de estos disturbios llevaron indirectamente a los conflictos armados y el número de guerras aumentó 41 por ciento durante esa Fase Fría.
El hambre se hizo más frecuente. La nutrición se deterioró hasta tal punto que la altura media de los europeos encogió 2 cm. a finales del siglo XVI. Como las temperaturas empezaron a subir de nuevo a partir de 1.650, mejoró la producción agrícola y en consecuencia, también lo hizo la alimentación y con ello la altura media.

Las dificultades económicas, el hambre y la guerra llevaron a las personas a emigrar. Europa vivió un incremento de migración a la vez que los disturbios sociales se incrementaban. Esta migración generalizada, junto con la disminución de la salud por la mala alimentación, facilitó la propagación de epidemias, y el número de plagas alcanzó su punto máximo durante el periodo 1.550-1.670. Como resultado de las muertes de la guerra y el hambre, la tasa de crecimiento anual de la población se redujo drásticamente.

Al comienzo del siglo XVII se alcanzó el mínimo de temperaturas, lo más crudo de la Pequeña Edad de Hielo, eso tuvo especiales consecuencias en China. Este periodo especialmente frío y seco hizo que los periodos de cultivo se acortaran, provocando grandes hambrunas en el interior y el norte de China por decenios. La incapacidad de las autoridades para dar soluciones, que se limitaron a aplicar subidas de impuestos, provocó que las revueltas populares acabaran generalizándose.
La revuelta que finalmente sería exitosa fue la encabezada por Li Zicheng a comienzos de la década de 1.630, cuando miles de campesinos, hambrientos e incapaces de pagar los altos impuestos, sin miedo ya a los ejércitos Ming, siguieron a los rebeldes hasta que en 1.644 llegaron a Pekín, la capital. Los rebeldes tomaron la ciudad con facilidad frente a un ejército sin paga ni avituallamiento desde hacía tiempo y finalmente consiguieron penetrar en la Ciudad Prohibida gracias a un traidor, que les abrió las puertas desde dentro. Mientras los rebeldes entraban en la Ciudad, el último emperador Ming, Chongzhen, se ahorcó en un árbol del jardín imperial.

Continuará...

Pequeña edad de hielo en España: 

29/6/17

Hispania Visigoda (II)

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Según iba pasando el tiempo la cultura de los hispanos del Sur, los sometidos al gobierno de los musulmanes, se iba haciendo menos viva. Por un lado la conversión al Islam de varios cientos de miles de hispanos apartó a estos conversos de seguir siendo agentes creadores de cultura porque se asimilaron a otra nueva. Por otro lado los hispanos que aún mantenían la cultura visigoda poco a poco vieron reducido su margen de maniobra.
Aunque no fueron perseguidos (al menos no formalmente) sufrieron la expropiación de iglesias y monasterios, con sus tesoros culturales, reliquias y recuerdos de otra época. Fueron gravados con impuestos especiales, restringiendo el mecenazgo que pudiera haber entre ellos. Su cultura tuvo que competir con la nueva cultura musulmana (de raíz más bien Siria que árabe), que gozaba de una mejor situación y además contaba con el apoyo del poder político, del que los cristianos estaban excluidos. En consecuencia, cuando se quiebra el primer elemento de cohesión (la Iglesia), los godos que vivían en tierras islámicas solo tuvieron dos opciones, convertirse y desaparecer entre el resto de la población islámica, o emigrar al Norte cristiano.

Una situación llena de tensiones se agravó a partir de la llegada de los Omeyas a la Península. Los Omeyas, como hijos de los califas, eran también defensores de la fe islámica. Los dos primeros Omeyas no tuvieron especial interés en reprimir a los cristianos mientras éstos no se unieran a sus enemigos, pero Abd-al-Rahman II poco a poco les fue apretando las tuercas a los cristianos.
La situación estalló en el verano de 850, en Córdoba, cuando dos cristianos fueron ejecutados por blasfemia. Muchos otros cristianos protestaron por ello, y hartos ya de someterse, se dedicaron a blasfemar contra el Islam en público. Abd-al-Rahman II estaba lo bastante asentado en el trono como para no temer una revuelta, y reprimió duramente a los cristianos. Además, buscó el apoyo de la Iglesia del Sur. Pero mientras que el metropolitano de Sevilla condenó la búsqueda del martirio voluntario, el obispo de Córdoba apoyó a los mártires sin dudar.
La revuelta y los martirios voluntarios siguieron, Abd-al-Rahman murió en 852, sucediéndole su hijo Muhammad, que heredó el problema incluso agravado, puesto que tras el concilio de Córdoba el problema se había extendido a Sevilla, Mérida, Toledo, y otras ciudades. Parecía que lo que empezó siendo un conflicto religioso podía degenerar en un alzamiento general de los cristianos mozárabes.
El nuevo califa decidió cortar por lo sano. Destruyó varios monasterios (entre ellos el de Tábanos, cerca de Córdoba, que era tenido por el foco de la insurrección), confiscó iglesias, ejecutó a varios cientos de cristianos (entre ellos al obispo de Córdoba) y en definitiva, organizó la primera persecución efectiva de cristianos en Al-Andalus. Ahora a los cristianos solo les quedaba emigrar o morir.

La revuelta de los mártires llegó a su fin en torno al 860. Como resultado Sevilla y Córdoba, las capitales culturales de Hispania (y lo habían sido desde el siglo IV), y en menor medida Toledo, Mérida, y otras ciudades importantes, ya no eran centros de creación cultural de los cristianos, y ni tan siquiera podían transmitir a los reinos del Norte el legado cultural hispanogodo porque ya no quedaba nadie que lo recordase. Así, en la primera mitad del siglo IX, siglo y medio después de la conquista musulmana, llegaba a su fin la historia social y cultural del pueblo de los visigodos.

La llegada de los árabes rompió con todo el desarrollo histórico anterior, no fueron solo una super estructura de poder, como había ocurrido con los visigodos, sino que pusieron en marcha procesos que dieron como resultado una realidad no continuadora de la Hispania visigótica.
Con los conquistadores llegó, entre otras cosas, una lengua de naturaleza bien distinta a las románicas: el árabe, con sus diferentes manifestaciones escritas y orales, que se impuso como lengua oficial y de cultura.
Esta lengua actuó como superestrato del romance andalusí y como adstrato de los otros romances peninsulares. Fueron muchos los que dominaban ambas formas lingüísticas, Al-Andalus fue una sociedad bilingüe al menos hasta el siglo XI o XII.
Al romperse la sociedad hispanogoda, los hablantes románicos se distribuyeron y evolucionaron en situaciones completamente nuevas. Se continuaba con el latín de Emérita, Hispalis, Curduba o Tarraco, pero era una lengua coloquial, carente de normalización y fragmentada.
Lo que se perpetuó fue el habla de los enclaves de resistencia cristiana de la zona Astur y Pirinaica donde junto a los habitantes de la zona, se refugiaron los miembros de la maltrecha aristocracia hispanogoda y cristianos que no deseaban permanecer en Al-Andalus. Fue en esos lugares (Oviedo, León, Burgos, Barcelona…) donde nacieron los nuevos modos lingüísticos que se repartirán por la Península durante la Conquista Cristiana.

28/6/17

Hispania Visigoda (I)


El pueblo godo tiene su origen histórico en las tierras del Sur de lo que hoy es Suecia, eran un pueblo indoeuropeo de tronco nórdico. Su lengua, hasta donde se sabe de ella, entronca con el germano antiguo y posiblemente tuviera la misma raíz. No se sabe con certeza en que época se diferenciaron de otros pueblos nórdicos vecinos de ellos, tales como gépidos, jutos, etc. Los godos entran en la historia cuando autores romanos los mencionan como habitantes de las costas bálticas de lo que hoy es Alemania y Polonia en el siglo I d.C.
Su migración desde Escandinavia no puede ser datada con precisión aunque se suele aceptar la primera mitad de ese siglo como fecha aproximada. A lo largo de casi dos siglos los godos van emigrando hacia el Sureste hasta establecerse, en la primera mitad del siglo III d.C. en las orillas del Mar Negro, al Este del río Dniester, en lo que hoy son Moldavia y Ucrania.

La mayor parte de la historia de los godos en Hispania, se da por cerrada en el momento en que el reino visigodo es vencido por los musulmanes, de tal modo que parece que desde ese momento los visigodos pasan a ser parte de la historia. Pero los visigodos no desaparecieron en masa después de la derrota musulmana. También es ridículo pensar que varios cientos de miles de visigodos cambiaran de la noche a la mañana de cultura, lengua y costumbres, y que la cultura hispanovisigoda, que había alcanzado la cumbre no muchos años antes con San Isidoro, fue suplantada de golpe por la cultura de los recién llagados invasores.

La cultura hispanovisigoda se mantuvo viva durante un cierto tiempo, manteniendo la cohesión cultural y social en la Hispania que acababa de sufrir un cambio revolucionario en lo político.
En el año 711, grupos provenientes de Oriente y del Norte de África (árabes, sirios y bereberes), de religión musulmana, al mando de Tarik, derrotaron al rey visigodo Don Rodrigo en la batalla de Guadalete. Empezó así la dominación árabe de la Península Ibérica que se prolongaría durante ocho siglos hasta 1.492, en que el último rey nazarí rindió Granada a los Reyes Católicos.

Los asentamientos visigodos en el Norte de la Meseta habían sido atacados por Tarik para evitar que la región en que vivían la mayor parte de los godos étnicos se convirtiera en un foco de revuelta. Y lo debió hacer bien, porque en ningún momento esta región fue origen de alzamientos o conspiraciones. El pueblo llano godo, carecía de sus líderes naturales, nobles u obispos, que estaban muertos o huidos. Con toda su debilidad, los godos siguieron más o menos subsistiendo hasta los tiempos de Alfonso I. Este rey de Asturias vivió en los años de la sublevación berebere (740-741). Los bereberes, al alzarse, dejaron desguarnecida toda la Gallaecia y buena parte de la Meseta Norte. Alfonso se aprovechó de ello para conquistar ciudades como Lugo, Tuy, Braga, Coimbra... sus expediciones llegaron hasta Segovia. Pero Alfonso sabía que los musulmanes volverían, salvo que él pudiera defender todos esos territorios. Para defenderlos inició un programa de repoblación, que fue especialmente intenso en Galicia, en las comarcas de Mondoñedo hacia el Atlántico, y al Norte del Miño. De este modo Alfonso pudo incorporar Galicia al reino de Asturias. ¿Y de donde sacó Alfonso la masa humana que necesitaba para repoblar? Pues de los asentamientos de los Campos Góticos, que quedaron casi desiertos. Así, los godos, desarraigados de la que era su “patria” desde hacía dos siglos, medio destruída por los musulmanes, fueron a parar a una nueva tierra en la que olvidaron sus leyes, su lengua y su nación para fusionarse con la población autóctona. Hay constancia de la aparición de topónimos en lengua germánica hasta principios del siglo IX en estas comarcas gallegas.

Continuará...

25/6/17

Islam (Yihad)

Matthew S. Gordon, profesor de Historia especializado en el mundo islámico, afirma que yihad se entiende como “luchar en el nombre (o en defensa) de la fe”.
En la tradición musulmana, la yihad adopta dos vertientes: la yihad mayor y la yihad menor. Por yihad mayor entendemos el esfuerzo diario en resistir el mal y la inmoralidad, es decir, en dominar las propias pasiones y mejorar como musulmán; es la lucha por la purificación del alma. La yihad menor, hace referencia a la lucha de carácter externo, al deber de los musulmanes de actuar, inclusive con fuerza, si se percibe que el Islam está amenazado. Es en esta segunda acepción solemos ubicar la yihad, a la que definimos coloquialmente como guerra santa.
Sobre la conveniencia o no de equiparar la yihad con la guerra santa existe un largo debate del cual nos mantendremos al margen. En definitiva, observamos como la yihad se presta a dos significados que pueden crear múltiples interpretaciones, desde una visión interior, mística del islam, hasta la violencia que representa hoy el fundamentalismo islámico, que da lugar en su vertiente más extrema a los grupos yihadistas.

¿De qué doctrina islámica derivan los actuales grupos yihadistas?, ¿Cuál es el espejo histórico en el que se inspiran para desarrollar una idea radical del islam?, ¿Qué interpretación hacen del concepto de la yihad?.
Debemos retroceder, en primer lugar, al nacimiento del derecho islámico y a las escuelas islámicas que surgieron de él.
Tras la muerte del cuarto y último califa ortodoxo (fueron los cuatro primeros califas que sucedieron a Mahoma), se hizo necesario la fijación de un derecho islámico para guiar la vida de los fieles. En la actualidad, sobreviven cuatro escuelas jurídicas en el islamismo sunita, cada una de las cuales recoge dos fuentes principales: el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y la Sunna, que remite las actuaciones y predicaciones de Mahoma.

Entre las escuelas jurídicas, que se desarrollaron entre el siglo VIII y IX, debemos prestar especial atención a la hanbalista, fundada por Ibn Hanbal, pues es la escuela que interpreta el Corán y la Sunna de una forma más literal y estricta, siendo aún a día de hoy, una referencia para el Islam más radical. Es decir, es la escuela islámica que recoge una acepción más inflexible y, por consiguiente, radical, de la yihad. Con la escuela hanbalista se inaugura, por otra parte, la tendencia salafista dentro del Islam.

El salafismo (“salaf” antiguo) son un conjunto de ideas que abogan por el retorno al modelo de vida de los antepasados, es decir, a los compañeros del Profeta y las dos siguientes generaciones. No creen en la razón sino en la aplicación rigurosa de los textos sagrados, el Corán y la Sunna. Repudian a aquellos que visitan tumbas o mausoleos para rezar a muertos o santos, pues Dios (Alá) es el único que debe ser adorado.
Ibn Taymiyya será en la Edad Media, concretamente en el siglo XIV, el continuador de la doctrina hanbalista. Coetáneo de una época turbia en el mundo islámico, el cual debía hacer frente a las cruzadas cristianas en Oriente Próximo y a las invasiones mongoles, rescatamos de su reflexión religiosa la importancia que le otorga a la yihad, que la situa a la altura de los cinco pilares del Islam.
La yihad, en este caso entendida como “la lucha contra el infiel” (yihad menor) es, para Ibn Taymiyya, una base de la sumisión a Dios y una función del musulmán, el autor islámico incorpora la idea de que el Islam es religión y política, dos conceptos que deben transitar unidos para el éxito del Islam. Esta idea es de suma importancia para entender el islamismo contemporáneo. Su plática belicosa y radical estará presente en el discurso del fundamentalismo islámico del siglo XX.

Muhammad Abd al-Wahab, fundador del wahabismo en el siglo XVIII, resucitó los ideales de Ibn Taymiyya, recrudeciendo, por otra parte, las exigencias para el cumplimiento de las obligaciones religiosas y la oposición al culto de los santos, argumentando que los que veneraban a éstos eran politeístas y blasfemos.
En este sentido asistimos a una gradación radical desde los postulados del siglo IX de Ibn Hanbal, pasando por la crítica radical de Ibn Taymiyya, y culminando con la acción violenta que defiende al-Wahab. La conducta de los musulmanes no debía sobrepasar la de los primeros califas ortodoxos, por lo que al-Wahab prohibía el tabaco, los amuletos, los anillos y condenaba que los fieles se levantaran de su sitio para recibir y saludar a otros, pues solo Dios merecía tal gesto.
El wahabismo, como doctrina del islam, ha recibido múltiples críticas dentro de sectores islámicos. Como recoge Abdelwahab Meddeb, historiador, poeta y profesor tunecino, “la mediocridad y la ilegitimidad doctrinal de Ibn al-Wahab han estado denunciadas en diferentes ocasiones, al-Wahab es más copista que creador. Las páginas que ennegreció confirman su obediencia hanbalista estricta”.

Conocida la vulgaridad del wahabismo, ¿dónde radica su importancia como creencia influyente en el fundamentalismo contemporáneo?
Desde el nacimiento del wahabismo, esta creencia islámica ha contado con el absoluto apoyo de la dinastía Al-Saud. Tras dos siglos de lucha wahabita-saudita contra el Imperio Otomano en la península Arábiga, en 1.932 se creó el actual estado saudita en nombre de la ideología wahabita, la cual se aclamó como la doctrina oficial de Arabia Saudí.
El posterior expansionismo del wahabismo no se entiende sin la fortuna que conllevó la explotación petrolera. Arabia Saudí, aliado de Estados Unidos y la OTAN, se permitió el lujo de trasplantar el wahabismo a países vecinos árabes donde la escuela salafista-wahabista, y por ende, la escuela hanbalista, era minoritaria, utilizando los recursos económicos que el petróleo le proporcionó para la extensión de su doctrina religiosa a través de los medios de comunicación y la enseñanza.
Llegados a este punto, es necesario exponer dos reflexiones:
En primer lugar, resaltar, como nos enseña la Historia, que la corriente salafista que se inicia con Ibn Hanbal, continua con Ibn Taymiyya y culmina con el wahabismo, es antes de la construcción de Arabia Saudí, una opción minoritaria dentro del Islam mundial.
En segundo lugar, afirmar que el wahabismo no explica, por sí mismo, el nacimiento del fundamentalismo islámico y de los grupos yihadistas actuales, pese a que influye ideológicamente de forma evidente. 
David García.

Próximo capítulo: El desarrollo de nuevas corrientes islámicas que emergerán en el siglo XX en el mundo islámico.