13/2/16

La Ola de Frío de 1.956

El invierno de 1956 transcurría de un modo muy similar al de 2015-2016 con un tiempo primaveral. Cuentan las informaciones de la época, que el mes de diciembre se podía salir a la calle en mangas de camisa. El mes de enero comenzó de la misma manera y nada hacía pensar que en febrero la situación iba a cambiar de forma tan radical, la ola de frío registró -32ºC en España.
En Europa se contabilizaron 1.000 víctimas mortales. Entre el 4 y el 17 de febrero cuando la ola de frío alcanzó su punto más álgido 650 personas fallecieron. Desde entonces, no ha vuelto a registrarse un episodio similar ni por su alcance ni por su intensidad en un invierno europeo.
Tan impresionante fue el giro de aquel invierno que se alcanzaron muchos de los registros mínimos absolutos de los últimos tiempos, marcas que no han vuelto a igualarse o superarse.

En realidad podríamos hablar de tres olas de frío consecutivas o de una gran ola de frío en tres episodios que dejaron la Península Ibérica y Baleares congeladas, quedándose al margen tan solo las Islas Canarias. Asimismo, desde el punto de vista informativo, la Meteorología pasó a las portadas de la prensa por lo inusitado y generalizado de la ola de frío de febrero de 1956.
En apenas 24 ó 48 horas, la primera bolsa de aire glacial se extendió rápidamente por toda la Península entre los días 1 y 2 de febrero. Procedente de Siberia alcanzó los -15ºC a 1.500 metros de altitud lo que nos permite hacernos una idea del tremendo desplome de las temperaturas. Los termómetros cayeron en picado en toda la Península, pero en las cumbres de los Pirineos se rozaron valores de entre -40ºC y -50ºC.
Oficialmente, la mínima histórica se marcó en aquellos días. Son los -32ºC del lago Estany Gento (Lleida). Barcelona descendió hasta los -6’7ºC; en Castellón la mínima cayó a -7’6ºC y en Alicante a -4’6ºC. Madrid registró su temperatura mínima más baja con -9’1ºC y Pamplona marcó -15,2ºC. Los valores bajo cero se extendieron por todo el país, también por buena parte del resto de Europa con -11ºC en París o -20ºC en Turín.

Lejos de ser un episodio anecdótico de aquel invierno, la ola de frío dio un respiro en torno al 6 de febrero. Sin embargo, durante estos días las heladas no desaparecieron, simplemente fueron más débiles y no tan severas como jornadas anteriores. En torno al 10 de febrero, una nueva bolsa de aire frío siberiano volvió a invadir la Península y las temperaturas se desplomaron por segunda vez en aquel mes.
Las nevadas cobraron protagonismo en la tercera invasión de aire frío, que pondría el colofón a un mes extraordinariamente gélido. En torno al día 17 y hasta el 21, la Península nuevamente se vio envuelta en otra masa de aire muy frío, pero los vientos ya no procedían directamente de Siberia sino de latitudes árticas y en consecuencia, con mayor aporte de humedad, por lo que si bien las temperaturas no llegaron a ser tan bajas como a principios de febrero, la nieve cayó de forma más generalizada.
A ello hay que sumar, posteriormente, las mínimas bajo cero que siguieron registrándose durante los últimos días de febrero y el mes de marzo. La nieve acumulada y los cielos despejados favorecieron que las temperaturas siguieran desplomándose y en algunos observatorios permaneció la nieve congelada hasta bien entrado el mes de mayo.

Ni que decir tiene que esta ola de frío tuvo un coste económico muy elevado en pérdidas, especialmente en la agricultura por la muerte masiva de olivos, naranjos y otros cultivos del sur y del Mediterráneo, que sucumbieron a un frío solo comparable al invierno más frío (documentado) de la historia en España.

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