5/8/14

Iniciativa Minerva

Ante el potencial desestabilizador de los movimientos sociales, el Pentágono ha puesto en marcha un programa conjunto con diferentes universidades para seguir y contener la evolución de las protestas civiles.

La denominada “
Iniciativa Minerva", que lleva en marcha desde el año 2008 coincidiendo con el inicio de la crisis económica, cuenta con un presupuesto de 18 millones de dólares y decenas de sociólogos y politólogos en nómina. Su principal objetivo es descubrir el cómo y el porqué de las movilizaciones ciudadanas, tanto pacíficas como violentas, para posteriormente desarrollar estrategias de contención, ya sean de cariz militar o propagandístico.

En lo que va de año, el Pentágono ha financiado una docena de estudios. Entre ellos se incluye una investigación de la Universidad de Cornell para identificar y determinar el papel de los impulsores de las revueltas en las redes sociales, otra para analizar el origen y las características de los movimientos sociales y una tercera para entender el efecto de ciertas leyes en determinados conflictos sociales.
Todas las conclusiones de estos estudios académicos pasan a formar parte de una gran base de datos que posteriormente sirve para predecir modelos conductuales y desarrollar herramientas que faciliten la respuesta gubernamental. Las ciencias sociales y el big data al servicio de la contrainsurgencia.

Discrepancias entre los investigadores.

Una buena parte del mundo académico ha alzado la voz ante este “uso inmoral” de las ciencias sociales por parte del departamento de defensa, que tutela las investigaciones. La Asociación Americana de Antropología (AAA) fue una de las primeras organizaciones en manifestar este rechazo en una misiva dirigida a la Oficina Federal de Administración y Presupuestos. En ella, el presidente de la AAA Setha Low, defendía que el presupuesto destinado a estas investigaciones debía estar manejado por agencias civiles, en lugar de militares.

El antropólogo David Price, autor de Weaponizing Anthropology: Social Science in Service of the Militarized State, es uno de los académicos que más ha contribuido a la denuncia pública de este programa del Pentágono. Además de pervertir la finalidad social de la disciplina, orientándola a objetivos militares, apunta el antropólogo, la Iniciativa Minerva es una suerte de cantera para captar a colaboradores de las agencias de inteligencia en los campus.

Para el sociólogo James Petras, uno de los elementos que más le preocupan es que el trabajo académico de estos investigadores tenga como objetivo contrarrestar la movilización ciudadana, sin reparos en considerar a cualquier activista como un potencial terrorista. Ni presunción de inocencia ni libertad de expresión, matiza, pues parte del programa está enfocado a vigilar de forma masiva a los activistas de movimientos sociales surgidos al calor de las crisis ambientales, energéticas y económicas que puedan desestabilizar el sistema.

Ante la situación de carestía, el auge de los movimientos de protesta parece evidente, algo que no está pasando desapercibido para la inteligencia militar. De lo que caben más dudas es de que si esta escasez, a la que posiblemente se sometan amplios sectores de la sociedad, hará que la protesta se convierta en violenta. Si así fuere, el departamento de defensa norteamericano no tendrá que improvisar las estrategias de contención, que ya lleva diseñando desde hace seis años. Minerva, la diosa de las técnicas de la guerra, será la luz que los ilumine.

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