16/2/18

Antiguo Egipto (III)

Las figurillas de bronce encontradas en la Península ibérica, en Sancti Petri (San Fernando-Cádiz) sitio del Templo Heracleión, también en Huelva y en Sevilla, son figuras egipcias, piezas fabricadas seguramente para el culto fenicio al dios Melkart.
Son la representación de un dios en actitud hierática que lleva la mitra oblonga (hedyet) o la Corona Blanca del antiguo reino del Alto Egipto (Sur), asociado al egipcio Reshepu o Reshef, un dios cananita protector en la guerra que se le relaciona con el dios tebano Montu, guardián de la batalla para muchos faraones egipcios.

Según el mito, Reshef ejercía una influencia benigna contra la enfermedad, está asociado con el rayo, por lo que también puede interpretarse como un dios del tiempo.
En la iconografía egipcia se le representa con barba, llevando la Corona blanca con la cabeza de una gacela en su frente sujeta con dos lazos que descienden por su nuca. En la mano izquierda puede llevar un escudo o el símbolo ank y en la derecha una jabalina o un hacha. La mano derecha puede presentarse levantada. Reshef portaba la gacela de la misma manera que los dioses del norte de Egipto llevaban la serpiente (uraeus), o el buitre en el sur.

En egipto era conocido como Reshepu o Reshpu y en su mitología, llegó a ser un dios guerrero, "Señor del cielo" y "Señor de la eternidad", proveniente de la tierra de los cananeos y más tarde un popular dios protector "el que escucha las plegarias" y curaba las enfermedades. El texto de una antigua fórmula apotropaica invocaba el nombre de Reshef, junto con el de Astarté, como remedio a la acción del demonio al que se atribuía la causa del dolor abdominal.
Su culto se introdujo a partir del Imperio Nuevo, cuando los soldados egipcios en Siria lo trajeron de vuelta a Egipto, como otros compatriotas divinos (Qadesh, Astarté, Baal). Por eso se le representa como guerrero con barba asiria y con el símbolo de la gacela como era representado allí.
En su doble aspecto del dios guerrero y curandero, combinaba en sí mismo las polaridades opuestas de la vida y la muerte. Reshef era conocido en Egipto y en el Cercano Oriente como Reshep-Shulman. Una región de la orilla oriental del Nilo era conocida como "Valle de Reshep" y fue objeto de culto, principalmente en Deir el Medina y Heliópolis.

Reshef se encuentra en tablillas de arcilla del III milenio de Ebla (Tell Mardikh) como Rasap o Ra-sa-ap. Se le nombra como divinidad de las ciudades de Atanni, Gunu, Tunip y Siquem. También es uno de los dioses principales de la ciudad de Ebla llevando su nombre una de las cuatro puertas de la ciudad.

Reshef aparece en un papiro (hoy en el Museo de Brooklyn nº 35.1446) de finales del Reino Medio de Egipto, en torno al 1.740 a.C. y quizás en el primer cuarto del siglo XVIII. En un fragmento del papiro cuentan 95 siervos, 30 de ellos asiáticos. Entre estos últimos hay un cervecero llamado Eper-Reshep o Apra-Rashpu ('pr-Rshpu), "Reshef proporciona". Es posible que llevaran a un esclavo a Egipto entre finales de la dinastía XII y principios de la XIII que venía de una zona donde se adoraba a Reshef.
Tras la conquista de Siria, Reshef se volvió popular en Egipto bajo el reinado de Amenhotep II (Dinastía XVIII), donde sirvió como dios de los caballos y los carros. Originalmente fue adoptado en el culto real, volviéndose popular en el periodo ramésida y a la vez desapareciendo de las inscripciones reales. En este último periodo, Reshef suele ir acompañado de Qadesh y Min.

La antigua ciudad de Arsuf en el centro de Israel aún incorpora el nombre de Reshef, milenios después de que su adoración terminara.
La letra hebrea Resh (o R íbero-tartéssica), representa la cabeza, la primera emanación o manifestación vital del círculo divino.


El nombre Reshef aparece como palabra en hebreo clásico con el significado "llama, rayo" (Salmos 78:48) y "una plaga, una fiebre abrasadora" por la que el cuerpo se "inflama" (Deuteronomio 32:24), pero puede entenderse como una lengua arcaica en algunos ejemplos y como un nombre propio en otros, como el nieto de Efraín en I Crónicas 7:25.

Reshef tenía un templo en Cartago, su nombre aparece en un altar de Nectanebo II (350 a.C.) de la dinastía XXX en el muro de un templo de Montu en Karnak del reino de Ptolomeo III. Su culto se extiende de Gebal Agg en Baja Nubia a Zinjerli y Karatepe en el norte, y de Siria y Palestina a Chipre y Cartago. Por supuesto, tuvo un lugar destacado en Ras Shamra (Ugarit).

13/2/18

Antiguo Egipto (II)

                                                                             Atum Ra
Atum fue el primer dios representado con cuerpo humano, pues antes todas las deidades de los antiguos egipcios tenían forma de animales. Como hombre lleva la Corona doble, blanca y roja.

Atum es “Aquel que existe por sí mismo”; dios primordial y creador según la doctrina de Heliópolis, que sustituyó a la serpiente Imy-uaf, para poner en marcha la creación, y retornará a la forma de serpiente al final de los tiempos.
Se creía que Atum era la primera forma divina del Sol, hasta que por su propio deseo se manifestó en la forma concreta de Ra. Así en el mito solar es identificado con el sol poniente que va hacia las entrañas de la tierra para renacer luego al amanecer, mientras que a Ra se le reconoce como el sol en su cenit.

En los textos de las pirámides, Atum es el dios que conduce al faraón al cielo, también aparece como la colina primitiva. Su casa era una gruta (immehet) donde residía y estaba situada en la sexta morada del Paraíso egipcio.
En los mitos, junto a Seshat y Thot, es el que anota los años de reinado de cada faraón en la persea celeste. Creó la Eneada heliopolitana, compuesta por sus primeros descendientes. Creó a sus hijos Shu y Tefnut, los dioses gemelos o dioses leones, de su saliva y de una masturbación (la mano que usó para copular consigo mismo fue personificada en Nebethetepet como principio femenino inherente a él). Atum y su mano aparecen como una pareja divina en sarcófagos del período heracleopolitano.

Según el mito de Menfis, Atum fué concebido del corazón de Ptah. Los animales que tenía asociados eran el león, el toro, el lagarto, el icneumon y la serpiente que representa el concepto de “fin del Universo”, al final de los tiempos sólo Atum y Osiris sobrevivirán a las aguas de Nun que envolverán toda la tierra, y lo harán en forma de serpientes.
Filón de Biblos, cuenta que los fenicios siguieron a Ferécides de Siros, filósofo del s. VI a.C., uno de los siete sabios de Grecia, famoso por su teoría sobre la existencia de un dios supremo llamado Serpiente. 

La Corona Atef, es una forma más compleja de la corona Blanca, y se compone de dos plumas de avestruz, en ocasiones, con dos cuernos en su base, el uraeus (la cobra) y disco solar, se representa en color amarillo. Aparece también en los textos de las pirámides y está relacionada con el dios Osiris.
La corona oblonga era símbolo de poder y sabiduría, representaba la continuidad de aquellos dioses, semidioses, sacerdotes y reyes que en el origen de los tiempos dominaron la Tierra. Los cráneos alargados encontrados en diferentes lugares del mundo guardan relación con la forma de esta corona. 
En el judaísmo de la Antigüedad, los miembros del Sanedrín utilizaban el ornamento para la cabeza conocido como mitznefet, de éste deriva la mitra adoptada por el cristianismo. 

La jerarquía sacerdotal de la iglesia católica, los obispos llevan la Mitra de color blanco y rojo unificando las dos mitades, recuerda la Corona doble que unificaba los dos reinos del antiguo Egipto.
La tiara papal fue la corona usada por los líderes de la Iglesia católica desde el siglo VIII hasta el XX. La tiara nace a partir del gorro frigio cónico. Con la forma de un extintor de vela, la tiara papal y la mitra episcopal eran idénticos en sus orígenes.

El dios Vithoba con la corona cónica, ha sido considerado una manifestación de la deidad hindú Visnu, o un avatar de Krisna y a veces asociado con Shiva y Buda.
Surya es el Dios del Sol en India. Suryadev, para los hindúes (Surya significa Sol y Deva es Dios).
Los sabios Chinos, médicos y alquimistas, también se cubrían la cabeza con formas alargadas.
 
                                                     Wang Shu He

Chang Chi

Pashas otomanos y Derviches sufies usaban las formas alargadas.

La famosa escena del faraón Akenatón (Amenofis IV) con su familia y el disco solar, ha quedado grabada en piedra para la posteridad, y nos deja sin palabras.

Continuará...

11/2/18

Antiguo Egipto (I)

                                     
Los antiguos textos, narran los relatos orales transmitidos entre los sacerdotes que se refieren a los primeros reyes de Egipto como los propios dioses. Después reinaron los semidioses, hijos de los anteriores. Tras las dinastías divinas y las semi-divinas, se contabilizan por los sacerdotes una serie de reyes no determinados, a los que seguían 30 reyes menfitas y después de ellos, 10 reyes tinitas.

Para los egipcios, el conjunto de los semidioses y los hombres que reinaron antes de la Primera dinastía formaron el conjunto de los llamados “Seguidores de Horus”, también conocidos como sus compañeros y discípulos, según el relato del Papiro de Turín.
El único documento parecido que se refiere al final del período, la llamada Piedra de Palermo, representa a una serie de personajes que llevan la Corona Roja del Bajo Egipto cuyos nombres son: Seka, Jaau, Tiu, Tchesh, Neheb, Uadyined, Mehe.
Las interpretaciones de los signos grabados en los colosos de Coptos que representan al dios Min y en la Paleta de Tehenu, han conducido a pensar que durante este período existió una línea de 15 gobernantes.
La Dinastía 0, se ha reconocido que llevó a la unificación perdurable de las dos tierras, los reinados de Ni-Hor, Hat-Hor, Iri-Hor, Iri-Ru, Escorpión y Ka, son los reyes pre-tinitas pertenecientes al área de Hierakompolis.

Parece que Escorpión II fue el primer rey del Egipto Unificado, a este siguió Ka y después Narmer. No está claro si este último es el Menes de Manetón, fundador de la Primera dinastía, o bien Aha, su sucesor.
El conocimiento de estos reyes lo tenemos a través de las ofrendas encontradas en el templo de Horus en Hierakompolis. Podría ser que tuviesen su capital en esta ciudad, aunque esta hipótesis no está probada. También podría ser que ésta se encontrase en Abydos, aunque la importancia del templo de Horus en Hierakompolis, les llevase a presentar ofrendas como una forma de consolidar las alianzas de períodos anteriores, o de mantener sus relaciones con este centro de poder.

El período protodinástico se corresponde políticamente al período Tinita (Dinastías I y II), cuando se produjo la unidad política desde el delta del Nilo hasta la primera Catarata, las relaciones pacíficas formaron la unificación de los dos grandes reinos, el Alto y el Bajo Egipto, aunque según la cronología de los hechos, esto pudo durar dos siglos.
El reino del Norte (Bajo Egipto) tenía la capital en Buto y la representación de su soberanía era la Corona Roja asociado al dios Horus, mientras que al Sur (Alto Egipto) la capital estaba en Hierakompolis y el rey llevaba la corona Blanca, asociado al dios Seth.
El pskent es el nombre helenizado de la Corona Doble, sejemty, y significaba que poseían el poder en las Dos Tierras, representaba el Alto y Bajo Egipto. En iconografía está representada como una corona Blanca dentro de la Roja.
Dos deidades tutelares eran las patronas de ambos reinos. La cobra, Uadyet protegía el Bajo Egipto mientras que la diosa buitre Nejbet era la patrona del Alto Egipto.

El origen de las serpientes intrigaba a los antiguos egipcios, que pensaban que podrían haberse creado a sí mismas, y puesto que mudaban de piel, estos animales eran también un símbolo del renacer después de la muerte, se pensaba que ayudaban a renacer al difunto. Todas las serpientes eran sagradas y la reencarnación de Apofis, excepto la cobra que representaba al Sol. En Egipto la cobra (uraeus) era un símbolo de resurrección, siendo el animal protector de los faraones, y en la ciudad de Buto eran veneradas por su carácter benéfico. Portaron su nombre varios faraones hicsos de la dinastía XV, como Apofis I y Apofis II.

Uadyet, protectora del Bajo Egipto, era la diosa serpiente que escupía fuego a sus enemigos, simbolizaba el calor del sol y se la solía llamar “el Ardiente Ojo de Ra”, identificada con el uraeus, la Cobra que los faraones llevaban en sus coronas, también se la llamaba “la del color del papiro” o “la verde”, por simbolizar la fertilidad del suelo. Enviaba profecías a través de los sueños y tenía un famoso oráculo en Buto. 

Continuará...

9/2/18

Shemsu Hor (Discípulos de Horus)

En el Papiro de Turín y en otros textos históricos, los Shemsu Hor (los compañeros de Horus), constituyen uno de los enigmas más inquietantes de la prehistoria egipcia. Las alusiones a estos personajes son vagas e imprecisas, pero su interpretación en tiempos muy anteriores a la Primera Dinastía egipcia pudo concretarse en el diseño estelar de la Gran Esfinge y de otros monumentos.

La cronología de los hechos, no coincide con la datación de la Esfinge propuesta por Robert Bauval, alrededor del 10.500 a.C. Por otra parte, si aceptamos las divisiones de la historia de la humanidad para el Antiguo Egipto y situamos a los habitantes de esta región en la Edad de Piedra (IV milenio a.C.), nos preguntamos ¿cómo es posible que estos hombres y mujeres recién salidos de las cavernas fueran capaces de construir algo ni remotamente parecido a la Gran Esfinge de Giza?. Algo nos dice que la cronología sobre la historia de la humanidad está equivocada, o que anteriormente existió otra “humanidad”, una especie de civilización madre altamente evolucionada desde el punto de vista tecnológico y probablemente espiritual.

El historiador Heródoto (s. V a.C.) recogía por boca de los sacerdotes de Tebas una historia de Egipto bien distinta a la que conocemos hoy. El cronista griego se refería a un episodio en el que los sacerdotes tebanos le mostraron 345 estatuas que parecían representar a imponentes dioses. Sin embargo, los religiosos apuntaron que no se trataba de dioses, sino que cada coloso simbolizaba cada una de las generaciones de grandes sacerdotes que les precedieron, hasta completar 11.340 años de “gobiernos de los hombres” y que antes de estos hombres, los dioses eran quienes reinaban en Egipto, morando y conversando entre los mortales, y teniendo siempre cada uno de ellos un imperio soberano (Los Nueve Libros de la Historia, Libro II, Cap. CXLIV).
Por lo anterior, se infiere que los sacerdotes de Tebas distinguían claramente dos rangos de reyes de Egipto: los humanos, que habían gobernado el país desde hacía 11.340 años y los dioses, que no sólo gobernaron físicamente Egipto durante un periodo igual o mayor, sino que lo hicieron mezclándose con aparente naturalidad entre los habitantes.

Por su parte, Manetón (s. III a.C.), sacerdote e historiador egipcio que vivió durante los reinados de Ptolomeo I y Ptolomeo II, establecía cuatro dinastías anteriores a Menes (dos de dioses, una de semidioses y otra de transición), adjudicando el origen de la civilización egipcia al gobierno de 7 grandes divinidades –Ptah, Ra, Shu, Geb, Osiris, Seth y Horus–, que permanecieron en el poder durante 12.300 años.
A continuación, gobernó una segunda dinastía encabezada por el primer Toth e integrada por 12 faraones divinos (1.570 años de gobierno), tras los cuales ascendieron al poder 30 semidioses, generalmente identificados con los Shemsu Hor y simbolizados por halcones, que gobernaron el país durante 6.000 años. Tras éstos, siempre según Manetón, se produjo un periodo de caos, hasta que finalmente, Menes encauzó la situación y logró la unificación de Egipto.
La egiptología ortodoxa incluye estas cronologías en la categoría de los mitos, no en la de los sucesos históricos comprobables. Al fin y al cabo, las fuentes que nos ofrecen información sobre los Shemsu Hor son ciertamente escasas. Claro que también podemos extraer información sobre los Compañeros de Horus y sobre los dioses que gobernaron Egipto, de las obras que nos legaron estos misteriosos personajes, construcciones que en todos los casos, se erigieron siguiendo un plan estelar, como ha quedado atestiguado por los estudios arqueo-astronómicos de estos monumentos.
De confirmarse la datación extrema de la Gran Esfinge o, cuanto menos, la propuesta por Bauval, los arquitectos de estas imponentes maravillas sin duda tendrían más de celestes que de humanos.

Los Shemsu Hor son mencionados por Manetón en su obra Aegyptíaka. Hace referencia a los semidioses que gobernaron después de los primeros dioses, entre ellos el propio Horus. Si bien no hace referencia tácita a los Shemsu Hor, el período del reinado (6.000 años) y el puesto en la lista real de estos semidioses, parecen identificarlos con ellos.
Si realizamos una pequeña suma con la duración de los reinados de los sucesores de los Shemsu Hor, podremos llegar a la conclusión de que, de haber existido, esta especie de semidioses tendrían que haber gobernado la Tierra en algún momento alrededor del año 10.000 a.C.

Algunos autores antiguos, como Eusebio, creían que tal desmesurado numero de años se debía a que los egipcios llamaban año a lo que el resto de los mortales denominaban mes lunar. Sin embargo, esta interpretación que no se fundamenta en ningún argumento, no tiene ningún sentido. Según estas antiguas fuentes, después de los dioses, los héroes reinaron 1.255 años, dando paso a otra línea de reyes que gobernó durante 1.817 años. Más tarde gobernaron unos 30 de reyes más, procedentes de Menfis, que ocuparon el trono durante 1.790 años. Seguidamente reinaron 10 reyes de la ciudad de Tis durante 350 años, y después de éstos llegaron los Shemsu Hor, llamados en las crónicas como manes y héroes, que durante 5.813 años reinaron en el Valle del Nilo. Finalmente, llegó al trono de Egipto el primer rey dinástico, de nombre Menes que gobernó el Valle del Nilo desde el año 3.100 a.C.
En total, estás cronologías suman 11.025 años, que a la vista de los investigadores modernos parecen algo increíble. A decir verdad, no existe ni una sola prueba arqueológica que remita a los egiptólogos a probar la existencia de una civilización desarrollada en los albores del X milenio antes de nuestra Era, precisamente el mismo momento en que muchos han visto la existencia de la Atlántida de Platón. De hecho, si aceptamos esa cronología, coincide con el período en el que se estima que pudo desaparecer la civilización atlante y en el que pudo haberse erigido el monumento de la Esfinge, cuya antigüedad está en duda.
Desde este punto de vista, debemos lanzar una reflexión, esbozada ya por algunos investigadores. Si no existió ninguna cultura capaz de construir grandes monumentos en el año 10.000 a.C., pero muchos de éstos giran en torno a esta mítica fecha, ¿qué es lo que incitó a los antiguos egipcios a reordenar sus construcciones reflejando vínculos estelares con este momento de la antigüedad?, ¿qué sucedió alrededor del año 10.000 a.C. para que los egipcios miles de años después, rememoraran ese momento dejando constancia de ello para la eternidad?

Autores como Robert Bauval o Graham Hancock, piensan que los Shemsu Hor fueron los portadores de una sabiduría iniciática que durante siglos se mantuvo en el más absoluto de los secretos, los seguidores de Horus tuvieron un papel más importante de lo que se había pensado hasta ahora.
Bauval y Hancock defienden que gracias a este selecto grupo de sabios, los antiguos egipcios pudieron erigir grandes construcciones para las que se requería una talla tal en conocimientos de tipo astronómico y matemático, que resultan imposibles de encontrar en una civilización aparentemente primitiva como la egipcia del 2.500 a.C., fecha en la que supuestamente se levantaron las grandes pirámides.

Los Shemsu Hor pudieron ser, según escribió en 1.894 el célebre egiptólogo francés Gastón Maspero, quienes edificaron realmente la Esfinge, empleando en ello todo su conocimiento y sabiduría. Y de ellos ya hablan los textos jeroglíficos más antiguos de los que se dispone. Inscripciones en pirámides de la V dinastía en Saqqara se refieren a ellos indistintamente como “los brillantes” o “los resplandecientes”. Curiosamente se trata del mismo apelativo que recibieron los Elohim bíblicos mencionados en el libro de Enoch. Particularmente el término “El” puede traducir ese vocablo hebreo, precisamente como “los resplandecientes” (seres de luz). Tanto si se trata o no de los mismos seres, los egipcios decían que los Shemsu Hor conocían el hierro (un metal divinizado en la época).

Fuente:

29/1/18

La Deformación Craneal (IV)

El moldeado intencional de la cabeza, fue practicado simultáneamente en culturas separadas geográfica y cronológicamente. Su práctica continúa en algunos lugares, como Vanuatu y la República del Congo.

Los científicos han descubierto dos cráneos humanos parciales en el centro de China que podrían pertenecer a una especie humana arcaica desconocida.
Los cráneos tienen entre 105.000 y 125.000 años de antigüedad, y contienen una mezcla única de características humanas modernas y Neandertales. Podrían ser la clave para rellenar algunas de las piezas del árbol genealógico humano en el este de Asia.

Hay indicios en nuestros registros genéticos de que todavía podría haber ancestros que no se han descubierto y faltan en nuestro árbol genealógico. Pero también hay otra posibilidad, algo que los investigadores no especularon en su investigación, es que los cráneos podrían ser evidencia física rara de los Denisovanos, los primos misteriosos de los Neandertales, que se piensa pueden haber existido hace 100.000 años.
Se estima que los seres humanos modernos que viven en China poseen alrededor del 0,1% de ADN Denisovano, lo que sugiere que en algún momento los seres humanos modernos vivieron muy cerca de ellos.
Sin más investigaciones, en particular de evidencia de ADN, es imposible saber que posibilidades son más probables, si estos cráneos pertenecen a una nueva especie humana o son raros rastros de Denisovanos en el este de Asia. También es imposible descartar otras posibilidades. Es posible que la excavación en el sitio pueda dar más pistas.
Los dos cráneos antiguos fueron desenterrados a 4.000 kms. de la cueva de Denisova en Lingjing, provincia de Henan (China) en 2007 y 2014. Mientras que los científicos estaban comenzando a obtener una idea más clara de cómo los antepasados humanos se separaron de África, una vez que alcanzaron Asia del Este, esta idea se vuelve más borrosa. Por eso el hallazgo es tan importante, estos cráneos podrían ayudarnos a explicar cómo nuestros primeros antepasados finalmente se convirtieron en los humanos modernos que hoy en día viven en Eurasia Oriental.

Se cree que el sitio en el que se encontraban los cráneos estuvo habitado hace unos 105.000 a 125.000 años, durante la época del Pleistoceno, cuando esa parte del mundo estaba cubierta de grandes capas de hielo. Según otros descubrimientos en el sitio, los dueños de los cráneos eran buenos cazadores. También había huesos de antiguos caballos y ganado, rinocerontes lanudos ya extintos y ciervos gigantes.

Xiujie Wu, de la Academia China de Ciencias, dijo a Science Magazine que los fósiles podrían representar una especie desconocida de un nuevo humano arcaico que sobrevivió en el este de Asia hace 100.000 años. La amplia cavidad cerebral descarta que los cráneos pudieran haber sido de Homo erectus u otras especies homínidas conocidas. Tienen los mismos canales semicirculares del oído, y la sección agrandada en la parte posterior del cráneo como los Neandertales, y también poseen rasgos de los primeros seres humanos de Eurasia del Este.

En la religión china, vemos la deformación craneal en las imágenes del popular Dios de la longevidad llamado Shou Xing que data de la dinastía Ming.
Es representado como un anciano con barba con abundantes cejas blancas y una gran cabeza. Lleva una caña larga, a veces con la forma de la serpiente, sostiene en su mano un durazno que simboliza la longevidad y va acompañado por dos animales de vida larga, la cigüeña y la tortuga. Una vida larga es considerada un honor en China, y si bien Shou Xing no posee un templo o culto particular es sumamente respetado. Shou Xing, es quien determina la edad a la cual mueren las personas, y lleva una tableta con inscripciones con dicha información. Las edades pueden ser modificadas si se le realizan ofrendas.

En el pueblo de Onavas, al sur de Sonora (México), los arqueólogos descubrieron un cementerio prehispánico de 1.000 años de antigüedad donde estaban enterrados 25 individuos, 13 de ellos presentan la deformación craneal intencionada (frontal occipital).
De los restos óseos recuperados 17 corresponden a menores de edad, entre 5 meses y 16 años, y 8 son de adultos. La cantidad de infantes identificados en el cementerio puede ser un indicador de la mala práctica en la deformación craneal, que ocasionó su muerte por el exceso de fuerza al momento de apretar el cráneo. Esto se deduce a partir de estudios hechos a los restos, cuyos resultados no arrojaron ninguna enfermedad que pudiera haber causado su muerte. En las culturas mesoamericanas, esta practica se utilizó para diferenciar a un grupo social de otro y con fines rituales.

El Cementerio de Onavas no pertenece a grupos mesoamericanos migratorios, sino a uno sedentario que tuvo un desarrollo local y que en algún momento de su historia entabló contacto con Mesoamérica e incorporó algunas ideas a su cultural. El sitio debió pertenecer a los antiguos indígenas pimas, grupo cultural de la región cuyos descendientes se desplazaron hacia lo que hoy es el límite estatal Sonora-Chihuahua; pudo ser parte de un asentamiento ubicado dentro del área de tránsito que seguían los pueblos de la costa occidental al suroeste de Estados Unidos en el comercio de la turquesa, y en ese transitar de poblaciones, los pimas adoptaron nuevas tradiciones procedentes de Mesoamérica.

Fuentes:

24/1/18

La Deformación Craneal (III)

Arqueólogos franceses hicieron un descubrimiento sorprendente durante una excavación en Alsacia, Francia. Se trata de un cráneo alargado de hace 1.500 años.
El cráneo parece haber sido alargado deliberadamente a través de la práctica conocida como deformación craneal, que normalmente se asocia con las antiguas culturas mesoamericanas y fue practicada extensamente en Europa, África, Asia, y América del Sur.
La deformación logra distorsionar el crecimiento normal del cráneo de un niño mediante la aplicación de fuerza después de poner la cabeza entre unas piezas de madera y atarla con una tela. La deformación craneal se asocia con frecuencia a las élites de la sociedad y afirmaba su alto estatus.

El cráneo fue descubierto durante la excavación de una necrópolis con 18 enterramientos. Fue hallado en una tumba perteneciente a una mujer que tenía claramente una posición de alto rango en la sociedad, ya que fue enterrada con un rico surtido de tesoros como alfileres de oro, un espejo de plata, perlas de vidrio y ámbar y otras mercancías.
El hallazgo llevó a los arqueólogos a ampliar la búsqueda a más de 7,5 hectáreas, lo que resultó en el descubrimiento de una gran cantidad de artefactos, restos humanos y animales desde el Neolítico, galo, galo-romano y las sociedades merovingias.

En el viejo mundo, los Hunos y los Alanos también fueron reconocidos por haber practicado la Deformación Craneal. En la antigüedad tardía (300-600 d.C.), los pueblos germánicos orientales (Gépidos, Ostrogodos, Hérulos, Rugios y Burgundios) que eran gobernados por los Hunos, adoptaron esta costumbre.

Los primeros documentos históricos en los que aparecen nombres que se han relacionado luego con los Alanos datan de fuentes coetáneas, la geografía greco-latina y las crónicas de la dinastía China del siglo I a.C. Los nombres de lugares y personas que aparecen en las crónicas chinas son objeto de más especulación que las griegas, aunque siglos antes, en la crónica de la Dinastía Han, el Hou Han Shu, escrito en el año 88 del siglo V, se hacía mención a un informe en el que decía que la zona esteparia llamada Yancai era también conocida como Alanliao.

A principios del siglo I, los Alanos habían ocupado las tierras al noreste del mar de Azov a lo largo del río Don. Las fuentes escritas sugieren que entre la segunda mitad del siglo I hasta el siglo IV, los alanos tenían la supremacía de las tribus y habrían creado una poderosa confederación de tribus sármatas. Los hallazgos arqueológicos apoyan las fuentes escritas, P.D. Rau ha identificado restos de los últimos sármatas con los alanos históricos. Basándose en el material arqueológico, fueron una de las tribus nómadas de lengua irania que comenzaron a entrar en el área dominada por los sármatas en los siglos I y II.
En una inscripción del rey parto Vologeses I se puede leer que luchó contra Kuluk, rey de los alanos, en el 11º año de su reinado. Esta inscripción está respaldada por el historiador judío contemporáneo Flavio Josefo (37-94), que escribe en su Guerra de los Judíos (libro VII, capítulo 8.4) cómo los alanos (a quienes llama tribu escita) que vivían cerca del mar de Azov, cruzaron las Puertas de Hierro en busca de pillaje y que derrotaron a los ejércitos de Pacoros, rey de Media, y Tiridates, rey de Armenia, hermanos los dos de Vologeses I.

Alrededor del año 370, los Alanos fueron vencidos por los Hunos y se dividieron en varios grupos, algunos de los cuales huyeron al oeste. Una parte de esos alanos occidentales se unieron a las tribus germánicas de los vándalos y suevos cuando invadieron la Galia romana. Gregorio de Tours destaca en su Liber historiae Francorum (Libro sobre la historia de los francos) que el rey alano Respendial salvó la batalla para los vándalos en un choque con los francos cerca del Rin el 31 de diciembre de 406. Según este historiador, otro grupo de alanos dirigido por Goar cruzaron este río por esas fechas, pero al punto se unieron a los romanos y se asentaron en la Galia.

Si seguimos el derrotero de vándalos y suevos en la Península Ibérica (entonces Hispania) en el 409, los alanos se asentaron en las provincias romanas de Lusitania y Cartaginense: «Alani Lusitaniam et Carthaginiensem provincias, et Wandali cognomine Silingi Baeticam sortiuntur» (Hidacio).
Los vándalos silingos se asentaron en la Bética, los suevos en la Galicia costera y los vándalos asdingos en el resto de Galicia.
En 412, el rey alano Atax o Attaces conquistó la ciudad de Emérita Augusta (Mérida) y estableció en ella su corte durante seis años, hasta que en 418 murió en una batalla contra los visigodos, y esta rama de los alanos apeló al rey vándalo asdingo Gunderico para que aceptara la corona alana. Aunque algunos de estos alanos permanecieron en Iberia, la mayoría se dirigió al norte de África con los vándalos en 429. Los posteriores reyes vándalos de esta zona se hacían llamar Rex Wandalorum et Alanorum (Rey de los vándalos y de los alanos).

En la Galia, los alanos en un principio conducidos por Goar se asentaron en diversas áreas, sobre todo cerca de Orleans y Valence. Con Goar se aliaron con los burgundios de Gundahario (Gunther), con quienes entronizaron al emperador usurpador Jovino. Con el sucesor de Goar, Sangiban, los alanos de Orleans desempeñaron un papel crucial al repeler la invasión de Atila en la Batalla de los Campos Catalaunicos. Tras el siglo V, los alanos de la Galia se sumieron en las luchas territoriales de los francos y los visigodos y dejaron de tener la independencia de antes. Flavio Aecio congregó a numerosos alanos en la región de Armórica para reprimir los levantamientos. El nombre bretón de Alan (antes que el francés Alain) y muchas poblaciones con nombres relacionados a “alano”, como Alanville, son considerados popularmente como evidencias de que un contingente de este pueblo se asentó en la Bretaña.

En la Península Ibérica, llegaron a ser conocidos por sus cacerías masivas y sus perros de pelea, una raza de esos canes sobrevive en ciertas zonas de Castilla y León, Asturias y el País Vasco, aún lleva el nombre de “alana”.
Una parte del grupo de alanos germánicos junto con visigodos se establecieron en la parte noreste de la península y según la Encyclopædia Iranica dan su nombre a una parte Cataluña, cuyos pobladores se llamaban los Got-Alanien.

Actualmente la ciencia genética ha descubierto una distribución geográfica de los marcadores genéticos que han convencido a algunos investigadores de que existe una conexión entre la antiquísima y profunda herencia sármato-alana y el grupo G de línea paterna del ADN, especialmente el G2.
En la región de Toulouse (Francia), la Deformación Craneal voluntaria se realizó hasta principios del siglo XX.

Fuentes:

17/1/18

La Deformación Craneal (II)

En América, los Mayas, los antiguos Peruanos (los Paracas), y ciertas tribus de Estados Unidos tenían la costumbre de alargar las cabezas de los infantes.

En América del Norte la práctica era especialmente conocida entre las tribus Chinook del noroeste y los Choctaw del sudeste. El grupo de nativos americanos conocidos como “los cabeza plana” no practicaban el aplanado de cabeza, pero fueron nombrados así por contraste con otros pueblos Salishanos que usaban modificación craneal para hacer que su cabeza pareciera más redonda. Otras tribus incluida los Choctaw, los Chehalis y los Pueblos Nooksack practicaban el aplanado de cabeza atando la cabeza del infante a un porta bebés de madera, los pueblos Lucayanos de Las Bahamas y los aborígenes australianos practicaban esta técnica.

Los Paracas vivieron en la costa de Perú, al sur de la capital Lima. Algunas estimaciones proponen que esta cultura existió entre el 700 a.C. y el 100 d.C.
La situación de los Paracas es de alguna manera única, los investigadores Juan Navarro y Brien Foerster han encontrado la presencia de al menos cinco formas distintas de cabezas alargadas, siendo cada tipo predominante en cementerios específicos. Los más grandes e impactantes son del sitio llamado Chongos, cerca de la ciudad de Pisco, al norte de Paracas.
Pruebas sobre estos cráneos han revelado que, en promedio, la capacidad craneal es de 1,5 litros, aproximadamente un 25% más que los cráneos contemporáneos y pesan un 60% más. También las cavidades orbitales son significativamente mayores que las de cráneos contemporáneos y la mandíbula más grande y gruesa. Más aún, la presencia de dos pequeños huecos en la parte posterior de los cráneos de Chongos, llamados foramen, indican que el flujo sanguíneo y quizás los nervios, excitaban el cráneo en la parte posterior para alimentar el tejido dérmico. Esto indicaría algo natural y no una deformación craneal.

La Deformación craneal era probablemente realizada para representar afiliaciones grupales, o para demostrar estatus social. Pudo haber desempeñado un rol clave en la sociedad de la civilización Maya. Puede pensarse que modificar un cráneo con una forma antinatural podía ser un medio de alcanzar atributos deseables estéticos. En el área de habla Nahai de la Isla Tomman y el sudoeste de Malakula (Vanuatu) una persona con cabeza alongada era considerada más inteligente y más cercana al mundo de los espíritus.

El investigador Brien Foerster, nos presenta más detalles acerca de los fascinantes cráneos alargados de Paracas en Perú. Las pruebas de ADN realizadas revelaron resultados fascinantes.

La primera parte del análisis demostró que el bebé “real” de 18 a 22 meses de edad, perteneciente a la cultura Paracas, tenía rastros de pelo rubio y rojizo, y el haplogrupo materno U2e1, que se encuentra en el continente Europeo y no en América del Sur. Foerster indica que este tipo de sangre se encuentra generalmente en proto-Germánicos y proto-Eslavos y el hecho de que el bebé haya muerto hace casi 2.000 años, suma misterio al tema, ya que indica que hace miles de años la gente de Europa ya se encontraba en América, a diferencia de lo que la historia convencional dice.

La segunda parte del análisis demostró que el cráneo alargado de 850 años de edad y que fue descubierto en la sierra peruana, al este de Lima (capital) tenía el haplogrupo materno T2b, otro indicador que sugiere descendencia europea. El haplogrupo T2b se encuentra comúnmente en los países europeos de las Islas Británicas, el Báltico y Escandinavia.
Curiosamente las pruebas antes mencionadas se realizaron en restos óseos de las personas que habitaban la región hace miles de años. Aunque según la historia convencional, los españoles llegaron a Perú en el año 1.532.

Además Brien Forester presenta la tercera parte del análisis que se realizó en el cráneo apodado “Cleopatra” debido a su forma y los restos de pelo rojizo. Una vez más los resultados del ADN materno demostraron que la muestra es H1, cuyos restos se encuentran en los países de Europa Occidental y el pueblo vasco, Iberia y partes de África del norte.
Siempre se ha creído que todos los habitantes precolombinos de las Américas pertenecían a los haplogrupos A, B, C, D y quizás X, pero los tres resultados de ADN anteriores indican claramente lo contrario, lo que sugiere una ascendencia europea mucho antes de que los europeos llegaran a América y especialmente antes de que visitaran partes del Perú y otros países de Sudamérica.

Brien Foerster indica además, que las teorías sugieren que H1 fue el haplogrupo dominante que estaba presente en la cultura megalítica europea en algún momento alrededor del 5.000 a.C. hasta la llegada de las culturas proto-celtas alrededor del 2.000 a.C.

Foerster también ha revelado la cuarta parte de las pruebas de ADN realizadas en una serie de curiosos cráneos encontrados en Perú. El resultado indica el haplogrupo H2a, característica de la ascendencia de Europa del este, de partes de Europa occidental y de la región del Cáucaso en la Crimea moderna.
En los resultados anteriores, Brien Foerster demostró que los haplogrupos descubiertos durante las pruebas indicaban clara ascendencia europea, y además no hay rastros de ascendencia indígena, planteando una serie de preguntas que los investigadores, arqueólogos e historiadores tendrán que responder en un futuro cercano.

Las cuatro muestras de ADN antes mencionadas indican claramente que la historia que se desarrolló hace miles de años no es como la pintan los libros. Los resultados anteriores son indicadores de que es muy probable que hace miles de años, antes de que los españoles llegaran a América del sur, gente de Europa y el Cáucaso viajaron a América.
Brien Foerster escribe que los centros más importantes para el haplogrupo H2a son el mar Caspio, el norte del Mar Negro y Escandinavia. Que los cráneos alargados que se remontan por lo menos en 2.000 años se han descubierto en Francia, Austria, Hungría, Alemania e Inglaterra y que su origen es probablemente la región del Cáucaso.
Además indica que el principal haplogrupo de H2a es H2, lo que significa que es muy probable que se originara en el mar Caspio, lo que parece apoyar las conexiones Armenio/Crimea. Por esta razón es probable que los antepasados del cráneo con huellas de haplogrupo R2a de alguna manera viajaron a Paracas, quizás siguiendo una vía entre la India y el Océano Pacífico en algún momento hace 2.000 o 3.000 años.

Foerster plantea numerosas preguntas que desafían a los libros de historia. Cuestiona la naturaleza de los cráneos alargados encontrados en Rumania, datados en 2.000 años de antigüedad, y si es posible que estas personas viajaran desde Crimea y se diseminaran a otras partes de Europa.
Cráneo hallado en Francia

En la región de Toulouse (Francia), la Deformación voluntaria craneal se realizó hasta principios del siglo XX. El moldeado intencional de la cabeza, fue practicado simultáneamente en muchas culturas separadas geográfica y cronológicamente. Su práctica continúa en algunos lugares, como Vanuatu y la República del Congo.

Pueden visitar el sitio web de Brien Foerster para más información acerca de los análisis de ADN realizados a los cráneos alargados de Paracas.

Fuentes:http://codigooculto.com/2016/08/ultimos-resultados-de-adn-de-craneos-alargados-de-paracas-contradicen-la-historia-europeos-en-america-hace-miles-de-anos

14/1/18

La Deformación Craneal (I)

                              Diosa durmiente de Hal Saflienti

En el yacimiento megalítico de Tarxien (Malta), en 1.912 se descubrieron cráneos alargados en un pozo sagrado o templo subterráneo, el Hipogeo Hal Saflienti que se remonta a 5.000 años a.C.
Los expertos consideran que el hipogeo estaba dedicado a una Diosa Madre, en el mismo lugar se encontró una pequeña estatua de una diosa dormida en la que estaba grabado el dibujo de una serpiente. Hay que recordar que la serpiente está históricamente asociada a la salud y la medicina. También la serpiente simboliza el mundo subterráneo en las culturas antiguas.

Las islas de Malta y Gozo fueron asentamientos muy importantes desde tiempos prehistóricos, lugares donde se efectuaban rituales de sanación y donde los oráculos y sacerdotes efectuaban sus ceremonias en honor a la diosa a la que se le atribuían poderes curativos como expresión directa de su divinidad. En ambas islas, se hallan restos de santuarios y lugares de culto curativo. Todo parece indicar que en este lugar desarrollaron sus actividades una casta sacerdotal que tenía como símbolo a la serpiente y por ello eran conocidos como los “sacerdotes de la serpiente”.

Una parte de los 7.000 esqueletos hallados en la excavación de Hal Saflienti, y examinados por Themistocles Zammit en 1.921, presenta deformaciones craneales realizadas artificialmente. Las calaveras que examinó el equipo de periodistas están fechadas en el 2.500 a.C. (pero su antigüedad puede ser incluso mayor), una fecha en la cual la historia megalítica de Malta termina, iniciando un período de oscuridad histórica y la ausencia de población que durará aproximadamente 300 años, hasta la llegada de los Fenicios.

Los Fenicios hicieron de Malta un puesto avanzado en el Mediterráneo. También erigieron templos a la Diosa Madre Astarté, una asimilación fenicia de la diosa mesopotámica que representaba el culto a la madre naturaleza, la vida y la fertilidad y en cuya simbología aparecen también las serpientes. Es como si los fenicios fueran los continuadores de una tradición interrumpida.

Lo que ocurrió en Malta se refleja también en Egipto. Si vemos el Tratado Fenicio de agricultura de Magón, de 28 libros (originales perdidos), hallamos varias referencias a las abejas y a sus plagas. Es curioso que en el Bajo Egipto, el símbolo del Faraón sea una abeja, y que el nombre antiguo de Malta sea “Melita”. El símbolo de Malta fue también una abeja y sus celdas hexagonales. 
Los griegos llamaron a la isla Melite que significaba 'dulce como la miel', debido probablemente a la calidad de la miel producida por las abejas del archipiélago, en Malta hay especies endémicas de estos insectos, razón por la cual se la llama "tierra de la miel". Los romanos continuaron llamándola Melita.
Otra etimología tiene como referencia la palabra fenicia Maleth, que significa 'refugio', debido a la gran cantidad de bahías y de ensenadas en el litoral de la isla.

Es conocido que en el Imperio Nuevo egipcio, la miel se usaba como elemento de pago de expediciones militares o comerciales y como tributo a mandatarios, tal como aparece en los Anales de Tutmosis III, en los que se citan 470 jarras de miel de Djahi (Fenicia) y 264 de Retenu (nombre egipcio de Canaán, la actual región de Palestina y Siria, que se extendía desde Tjaru a Mitani), o también como tributo a mandatarios aparece en la Tumba de Rekmire en Tebas (s. XV a.C.), documento que nos asevera la producción apícola entre los fenicios y su estima, y que corrobora Ezequiel en su profecía contra Tiro (27, 12-25).

Es una coincidencia interesante que en Egipto, los Shemsu Hor fueran los guardianes de la religión que adoraba al Dios Sol y aún hoy en Malta el sol es llamado “Shem-shi”. “Shem” es una palabra de origen acadio, no egipcio, derivado del término babilónico utilizado para denominar el Sol, que es “Shamash”. Esto probaría que los Shemsu Hor pudieron tener su origen en la zona denominada de la media luna fértil (la antigua Mesopotamia, zona comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates, en el actual Irak).
Otra correlación es el hecho que esta casta sacerdotal de cráneos alargados despareció tanto de Egipto como en Malta en el mismo período, es decir, hacia el 3.000 y 2.500 a.C.
Un tercer núcleo de esta raza estaba presente en la zona del Eufrates, formando parte de una población conocida como Mithans, que los egipcios llamaban Naharin (“los de la serpiente” de “nahash”, serpiente). Los Mithans, que ocuparon una parte de la zona del actual Kurdistán, pertenecieron al pueblo de Abraham y su descripción es idéntica a los Shemsu Hor .

La tradición del culto a la serpiente se origina en Oriente Medio, en la zona central del Kurdistán, donde hacia el 5.000 a.C. la cultura matriarcal de Jarmo representó a las diosas madre como divinidades con cara de víboras y cabezas alargadas. Estas divinidades fueron asociadas a los “ángeles caídos” o Nephelims que son más explictamente citados en el “Testamento de Amran” perteneciente a los rollos de Qumran, en el cual está escrito:
Uno de ellos era de aspecto aterrador, como una serpiente y su manto era multicolor y también su cara era la de una víbora y también lo eran sus ojos”

Se trata, en nuestra opinión, no de divinidades propiamente dichas, sino de individuos pertenecientes a un grupo de sacerdotes o chamanes que pertenecían a un sistema cultural muy desarrollado y profundo, que tenían relaciones con la sociedad mucho menos desarrollada de aquella época. Los miembros de esta raza fueron considerados como semi-dioses por los conocimientos que poseían, igual que sucedió en Egipto con los Shemsu Hor.

Idénticas estatuas simbolizando diosas madre con aspecto de víbora se encuentran en la tierra del Nilo, que datan exactamente del periodo arcaico de los Shemsu Hor. Por tanto, se puede concluir que estos sacerdotes del culto a la serpiente pertenecían a una raza más antigua y que fueron los primeros en ocupar la zona de la media luna fértil (en particular Anatolia y Kurdistán) y Egipto (siguiendo las migraciones que se remontan hacia el 6.000-4.000 a.C.) hasta llegar a Malta para desaparecer alrededor del 2.500 a.C., pero esta cultura sobrevivió en Oriente Medio y probablemente uno de ellos fue uno de los faraones más notables y misteriosos de Egipto, el faraón Akenatón.

Los cráneos de las esculturas de la dinastía Amarniana, y los cráneos de Malta resultan ser prácticamente idénticos, un hecho no casual, confirmado por las pruebas con rayos X a la que se sometió al cráneo de Tutankamon, el hijo de Akenatón, que mostró también un cráneo dolicocéfalo. Básicamente los cráneos malteses son reliquias que los arqueólogos no acaban de entender, de una raza sacerdotal que en Egipto y Malta sobrevivieron desde tiempos arcaicos hasta el 2.500 a.C. Se trata de una casta que creó el sustrato espiritual y religioso que caracterizó a las más grandes civilizaciones del Mundo Antiguo. Esta casta continuó en Oriente Medio y de algún modo reapareció en Egipto alrededor de 1.351 a.C. a través de la herejía del faraón Akenatón que instauró la reforma religiosa que tenía por objeto restaurar el antiguo orden.

Continuará...

Fuentes: