25/6/17

Islam (Yihad)

Matthew S. Gordon, profesor de Historia especializado en el mundo islámico, afirma que yihad se entiende como “luchar en el nombre (o en defensa) de la fe”.
En la tradición musulmana, la yihad adopta dos vertientes: la yihad mayor y la yihad menor. Por yihad mayor entendemos el esfuerzo diario en resistir el mal y la inmoralidad, es decir, en dominar las propias pasiones y mejorar como musulmán; es la lucha por la purificación del alma. La yihad menor, hace referencia a la lucha de carácter externo, al deber de los musulmanes de actuar, inclusive con fuerza, si se percibe que el Islam está amenazado. Es en esta segunda acepción solemos ubicar la yihad, a la que definimos coloquialmente como guerra santa.
Sobre la conveniencia o no de equiparar la yihad con la guerra santa existe un largo debate del cual nos mantendremos al margen. En definitiva, observamos como la yihad se presta a dos significados que pueden crear múltiples interpretaciones, desde una visión interior, mística del islam, hasta la violencia que representa hoy el fundamentalismo islámico, que da lugar en su vertiente más extrema a los grupos yihadistas.

¿De qué doctrina islámica derivan los actuales grupos yihadistas?, ¿Cuál es el espejo histórico en el que se inspiran para desarrollar una idea radical del islam?, ¿Qué interpretación hacen del concepto de la yihad?.
Debemos retroceder, en primer lugar, al nacimiento del derecho islámico y a las escuelas islámicas que surgieron de él.
Tras la muerte del cuarto y último califa ortodoxo (fueron los cuatro primeros califas que sucedieron a Mahoma), se hizo necesario la fijación de un derecho islámico para guiar la vida de los fieles. En la actualidad, sobreviven cuatro escuelas jurídicas en el islamismo sunita, cada una de las cuales recoge dos fuentes principales: el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y la Sunna, que remite las actuaciones y predicaciones de Mahoma.

Entre las escuelas jurídicas, que se desarrollaron entre el siglo VIII y IX, debemos prestar especial atención a la hanbalista, fundada por Ibn Hanbal, pues es la escuela que interpreta el Corán y la Sunna de una forma más literal y estricta, siendo aún a día de hoy, una referencia para el Islam más radical. Es decir, es la escuela islámica que recoge una acepción más inflexible y, por consiguiente, radical, de la yihad. Con la escuela hanbalista se inaugura, por otra parte, la tendencia salafista dentro del Islam.

El salafismo (“salaf” antiguo) son un conjunto de ideas que abogan por el retorno al modelo de vida de los antepasados, es decir, a los compañeros del Profeta y las dos siguientes generaciones. No creen en la razón sino en la aplicación rigurosa de los textos sagrados, el Corán y la Sunna. Repudian a aquellos que visitan tumbas o mausoleos para rezar a muertos o santos, pues Dios (Alá) es el único que debe ser adorado.
Ibn Taymiyya será en la Edad Media, concretamente en el siglo XIV, el continuador de la doctrina hanbalista. Coetáneo de una época turbia en el mundo islámico, el cual debía hacer frente a las cruzadas cristianas en Oriente Próximo y a las invasiones mongoles, rescatamos de su reflexión religiosa la importancia que le otorga a la yihad, que la situa a la altura de los cinco pilares del Islam.
La yihad, en este caso entendida como “la lucha contra el infiel” (yihad menor) es, para Ibn Taymiyya, una base de la sumisión a Dios y una función del musulmán, el autor islámico incorpora la idea de que el Islam es religión y política, dos conceptos que deben transitar unidos para el éxito del Islam. Esta idea es de suma importancia para entender el islamismo contemporáneo. Su plática belicosa y radical estará presente en el discurso del fundamentalismo islámico del siglo XX.

Muhammad Abd al-Wahab, fundador del wahabismo en el siglo XVIII, resucitó los ideales de Ibn Taymiyya, recrudeciendo, por otra parte, las exigencias para el cumplimiento de las obligaciones religiosas y la oposición al culto de los santos, argumentando que los que veneraban a éstos eran politeístas y blasfemos.
En este sentido asistimos a una gradación radical desde los postulados del siglo IX de Ibn Hanbal, pasando por la crítica radical de Ibn Taymiyya, y culminando con la acción violenta que defiende al-Wahab. La conducta de los musulmanes no debía sobrepasar la de los primeros califas ortodoxos, por lo que al-Wahab prohibía el tabaco, los amuletos, los anillos y condenaba que los fieles se levantaran de su sitio para recibir y saludar a otros, pues solo Dios merecía tal gesto.
El wahabismo, como doctrina del islam, ha recibido múltiples críticas dentro de sectores islámicos. Como recoge Abdelwahab Meddeb, historiador, poeta y profesor tunecino, “la mediocridad y la ilegitimidad doctrinal de Ibn al-Wahab han estado denunciadas en diferentes ocasiones, al-Wahab es más copista que creador. Las páginas que ennegreció confirman su obediencia hanbalista estricta”.

Conocida la vulgaridad del wahabismo, ¿dónde radica su importancia como creencia influyente en el fundamentalismo contemporáneo?
Desde el nacimiento del wahabismo, esta creencia islámica ha contado con el absoluto apoyo de la dinastía Al-Saud. Tras dos siglos de lucha wahabita-saudita contra el Imperio Otomano en la península Arábiga, en 1.932 se creó el actual estado saudita en nombre de la ideología wahabita, la cual se aclamó como la doctrina oficial de Arabia Saudí.
El posterior expansionismo del wahabismo no se entiende sin la fortuna que conllevó la explotación petrolera. Arabia Saudí, aliado de Estados Unidos y la OTAN, se permitió el lujo de trasplantar el wahabismo a países vecinos árabes donde la escuela salafista-wahabista, y por ende, la escuela hanbalista, era minoritaria, utilizando los recursos económicos que el petróleo le proporcionó para la extensión de su doctrina religiosa a través de los medios de comunicación y la enseñanza.
Llegados a este punto, es necesario exponer dos reflexiones:
En primer lugar, resaltar, como nos enseña la Historia, que la corriente salafista que se inicia con Ibn Hanbal, continua con Ibn Taymiyya y culmina con el wahabismo, es antes de la construcción de Arabia Saudí, una opción minoritaria dentro del Islam mundial.
En segundo lugar, afirmar que el wahabismo no explica, por sí mismo, el nacimiento del fundamentalismo islámico y de los grupos yihadistas actuales, pese a que influye ideológicamente de forma evidente. 
David García.

Próximo capítulo: El desarrollo de nuevas corrientes islámicas que emergerán en el siglo XX en el mundo islámico.

18/6/17

Los Templarios

Los Caballeros de la Orden del Temple (miembros de una orden de carácter religioso y militar, cuya denominación oficial era Orden de los Pobres Caballeros de Cristo), fueron conocidos popularmente como los Caballeros del Templo de Salomón, porque pasaron nueve años alojados en una parte del palacio que el rey Balduino I les cedió justo encima del antiguo Templo de Salomón.
Con el objetivo de defender a los peregrinos de los continuos ataques que sufrían, varios grupos de soldados residentes en Jerusalem tomaron las armas. Uno de ellos, formado por nueve caballeros, se comprometió en 1.118 a proteger los caminos y las vidas de los viajeros cristianos del acoso musulmán. Este sería el germen de la futura Orden del Temple.

Sus dos jefes fundadores fueron Hugo de Payens, primer Gran Maestre de la orden, y Godofredo de Saint Aldemar. En años posteriores, Payens convirtió a los Templarios en una de las instituciones más importantes de la época. Mediante varios viajes a Europa, logró financiación y que otros soldados se unieran a las filas de la orden. Fue en 1.139 cuando logró la expansión definitiva del grupo al conseguir varias ventajas fiscales. Además de las generosas donaciones de las que se beneficiaban, también se concedieron una serie de privilegios ratificados por bulas. En ellas se concedía a Los Templarios una autonomía formal respecto a los obispos, estando tan solo sometidos a la autoridad del Papa. Tampoco estaban sujetos a la jurisdicción civil y eclesiástica ordinaria. Podían recaudar y recibir dinero de diferentes formas. Se les concedió el privilegio de construir iglesias y castillos allí donde considerasen oportuno y sin necesidad de pedir permisos a las autoridades. Todas esas ventajas hicieron que la orden fuese acumulando fondos y propiedades en Europa y Jerusalem.

La Orden del Temple adquirió una serie de barcos para viajar de Europa a Tierra Santa, alrededor del año 1.250 ya contaba con 9.000 granjas y casas rurales, un ejército de 30.000 hombres (sin contar escuderos, sirvientes y artesanos), más de medio centenar de castillos, una flota propia de barcos y la primera Banca Internacional.

Con el paso de los años establecieron una serie de rutas marítimas en varios puertos europeos. Los barcos servían para el comercio y la guerra. Los Templarios controlaban las comunicaciones pues habían aprehendido las artes de la navegación de los Fenicios. Las rutas, que como secreto de Estado eran guardadas por los fenicios, fueron tomadas confidencialmente por la Orden del Temple.
Tenían una gran armada fondeando en los puertos mediterráneos y atlánticos. Esta visión a larga distancia, junto a la capacidad logística, proporcionaba supremacía si consideramos que por entonces, el común de los mortales estimaba que en el Estrecho de Gibraltar estaban las Columnas de Hércules, y no había tierra más allá.
Construyeron puertos en el norte de Europa, en Flandes, Italia, Francia, España, Portugal. Uno de los más conocidos era el de La Rochelle (Francia) su centro neurálgico en el Atlántico, y los de Marsella y Colliure en el Mediterráneo. Estudiaban minuciosamente los enclaves en los que recalaban sus bajeles, para llegado el momento, poder salvarlos si eran atacados. El puerto de La Rochelle, por ejemplo, estaba protegido por 35 encomiendas, en un radio de 150 kilómetros, más una casa provincial en la propia villa.

El 13 de octubre 1.307 perseguidos por el rey de Francia Felipe IV, muchos de estos soldados huyeron en una docena de barcos desde el puerto de La Rochelle para evitar ser capturados. Aquella armada, que salió al Atlántico enarbolando la cruz roja de la Orden del Temple, desapareció sin dejar rastro.
Aunque no está bien documentado, se cree que esta flota hizo escala en algún lugar cerca de Escocia, después en Portugal y en las islas Canarias, desde allí tomaron la ruta hacia las Indias Occidentales, es decir, América del Sur (el nombre de América se asignó después en honor a Américo Vespucio).

17/6/17

Ruta de la Seda (V)

La Ruta de la Seda formó agrupaciones de estados militares originarios del norte de China, abriendo el Asia central y China a religiones como el nestorianismo, maniqueísmo, budismo y más tarde islamismo. Creando la influyente Federación de Jazaria, que al final de su gloria trajo el mayor imperio continental que existió nunca, el Imperio mongol, con sus centros políticos encadenados a lo largo de la Ruta de la Seda (Pekín, en el norte de China; Karakorum, en el centro de Mongolia; Samarkanda, en Transoxiana; Tabriz, en el norte de Irán; Sarai y Astrakán, en el curso del Bajo Volga; Solkhat, en Crimea; Kazán, en Rusia central; y Erzurum, en el este de Anatolia), realizando la unificación política de zonas anteriormente libres y conectadas de forma intermitente por bienes materiales y culturales.

La pólvora fue inventada en China, la palabra china para "pólvora" significa literalmente "medicina de fuego". Sin embargo, este nombre solo se empezó a usar algunos siglos después. Durante el siglo IX d.C. unos monjes taoístas o alquimistas chinos buscando el elixir de la inmortalidad encontraron accidentalmente la pólvora.

Las fuerzas militares chinas usaban armas basadas en pólvora (cohetes, mosquetes, cañones) y explosivos (granadas y diferentes tipos de bombas) contra los mongoles cuando estos intentaban entrar en sus tierras por la frontera norte. Después de que los mongoles conquistaran China y fundaran la dinastía Yuan usaron la tecnología militar china para su intento de invasión de Japón, donde también utilizaron la pólvora para propulsar sus cohetes.
Los musulmanes adquirieron el conocimiento de la pólvora entre 1.240-1.280, cuando el sirio Hasan al-Rammah había escrito en arábico, recetas para la pólvora, instrucciones para la purificación del salitre y descripciones de armas incendiarias.
La pólvora llegó al Medio Oriente posiblemente a través de la India y esta de China. Esto se deduce de la forma de llamar a la pólvora que al-Rammah usaba, al salitre lo llamaba "nieve china", a los fuegos artificiales "flores chinas" y a los cohetes "flechas chinas".
Los persas llamaban al salitre "sal china" o "sal de los pantanos de sal chinos".

A comienzos del siglo XIV, parece ser que los árabes habían usado la pólvora en la Península Ibérica, según se desprende de las crónicas del rey Alfonso XI de Castilla. El párrafo, transcrito y adaptado al castellano moderno, corresponde a la crónica del rey Alfonso XI sobre el sitio de Algeciras (1.343), y es la primera referencia escrita del empleo de la pólvora con fines militares, si bien hay quien sostiene que ya había sido utilizada, también por los árabes, en la defensa de la ciudad de Niebla (Huelva) cuando fue sitiada por Alfonso X el Sabio, casi un siglo antes.
Desde China el uso militar de la pólvora pasó a Japón y a Europa. Se sabe que fue usada por los mongoles contra los húngaros en 1.241 y Roger Bacon hace una mención en 1.248. Hasta ese momento Europa solo había contado con un producto inflamable llamado “fuego griego” que no podría competir con la efectividad del recién llegado invento.

El Imperio Mongol produjo masivamente armas de fuego de llave de mecha para su ejército. Fueron los primeros en desarrollar cohetes de bambú, principalmente para señalizaciones y para el uso de los zapadores. El emperador mongol se enfrentó a los británicos y a otros europeos en la provincia de Gujarat, de donde los europeos extraían salitre para la fabricación de su pólvora durante el siglo XVII.

Fuente: Wikipedia

Los Orígenes de Lenin

6/6/17

Ruta de la Seda (IV)

Tamerlan o Timur (nombre original que significa hierro) nació el 10 de Abril de 1.336 en Kesh, un lugar próximo a Samarkanda enclavado en el antiguo kanato de Chagatai (actual Uzbekistán). Tamerlan pertenecía al clan de los Barlas, un linaje de etnia mongola, aunque de cultura islámica, muy arraigado desde tiempos ancestrales en aquella geografía. Se proclamó heredero y continuador de Gengis Kan. Creó un gran ejército con el que se lanzó a la conquista de Asia, liberó de peligros la Ruta de la Seda y promulgó leyes que mejoraron la vida de sus súbditos. Fue uno de los más grandes conquistadores mongoles, sus dominios abarcaron ocho millones de kilómetros cuadrados en un tiempo cubierto por la guerra y la destrucción, pero también por un magnífico esplendor cultural y comercial, auspiciado por su mecenazgo.

Un siglo después de los viajes de Marco Polo en la ruta de la seda, el embajador del rey castellano Enrique III, Ruy González de Clavijo llegó a Samarkanda, un barrio de la ciudad recibe el nombre de "Madrid" en honor a esta expedición. En su libro “La ruta de Samarkanda”, dice que partió del Puerto de Santa María el 22 de Mayo de 1.403, en compañía de un fraile y un escudero, y tras pasar por Rodas, Constantinopla y Trebisonda (ciudad de Turquía situada junto al Mar Negro), desembarcó para proseguir el viaje por tierra a través de Turquía, Irak e Irán, llegando a Samarkanda en Septiembre de 1.404, viendo partir a Amir Timur (Tamerlan) en su campaña contra China, en la que perdió la vida. Tras su muerte, los presentes que González de Clavijo le había llevado fueron confiscados en la lucha interna por el poder, y finalmente la embajada castellana resultó un fracaso.
Clavijo emprende el viaje de vuelta y llega a Castilla en Marzo de 1.406, estableciéndose en Madrid, donde murió, si bien antes escribió su viaje bajo el título “Embajada a Tamorlán” (así llamaba a Tamerlan), una de las joyas de la literatura medieval castellana, comparable a “El libro de las Maravillas” esrito por Marco Polo.

La ruta de la seda dejó de servir como ruta marítima de la seda alrededor de 1.453, con la supremacía otomana de Constantinopla. Los gobernantes otomanos de la época eran antioccidentales, luchando contra los cruzados y conscientes de la pérdida de Andalucía, por lo que expresaron su descontento embargando el comercio con el oeste. Las cosas se aliviaron un poco casi un siglo más tarde, cuando Venecia fue capaz de cortar un trato difícil con los otomanos, recobrando por un tiempo parte de su peso económico como intermediarios.

La desaparición de la Ruta de la Seda tras el fin del reinado de los mongoles fue uno de los principales factores que estimularon la búsqueda de nuevas rutas hasta el próspero Imperio chino por parte de potencias europeas, sobre todo por vía marítima. Se esperaban grandes beneficios de la relación comercial directa con Asia. Este fue el principal factor que impulsó las exploraciones portuguesas del océano Índico, incluyendo el mar de China, dando lugar a la llegada del primer barco mercante europeo a las costas de China en 1.513, bajo el mando de Jorge Álvares y Rafael Perestrello, seguido por la misión diplomática y comercial de 1.517 encomendada a Fernão Pires de Andrade y Tomé Pires, por Manuel I de Portugal, la cual inauguró formalmente las relaciones entre el Imperio portugués y la dinastía Ming durante el reinado del emperador Zhengde. La entrega de Macao a Portugal en 1.557 por el emperador de China (como recompensa por los servicios prestados contra los piratas que infestaban el mar de China Meridional) dio lugar al primer puesto comercial y marítimo europeo permanente entre Europa y China. Otras potencias europeas seguirían su ejemplo en los próximos siglos, lo que porovocó la eventual desaparición de la Ruta de la Seda.

El viaje de descubrimiento de Cristóbal Colón en 1.492 tenía como objetivo buscar una ruta comercial alternativa a China, desde España a través del Atlántico. Hasta unos años después del descubrimiento de América, se pensó que la expedición de Colón había llegado al continente asiático. No fue hasta el descubrimiento del océano Pacífico por el español Vasco Núñez de Balboa (tras cruzar el istmo de Panamá) en 1.513, que cartógrafos y navegantes supieron que América era un Nuevo Mundo situado entre Europa y Asia.
La búsqueda de una ruta marítima a China se retomó unos años más tarde, con la expedición de Magallanes y Elcano de 1.519 a 1.522, al cruzar el Pacífico y dar la vuelta al mundo. Con el descubrimiento del 'tornaviaje', o ruta de regreso de Filipinas a México a través del Pacífico, a cargo de Andrés de Urdaneta en 1.565, se estableció la ruta del Galeón de Manila, la primera en cruzar regularmente el Pacífico en ambas direcciones, concretamente entre la Capitanía General de Filipinas y la Nueva España. Esta ruta a su vez enlazaba por tierra (a través de México) con la ruta de las Flotas de Indias que unían América y España a través del Atlántico, creándose así una gran ruta combinada de alcance mundial, entre Asia y España, que duró desde 1.565 hasta principios del siglo XIX. Esta gran ruta española es también uno de los primeros ejemplos de mundialización o globalización.

En 1.594, Willem Barents dejó Amsterdam con dos barcos para buscar el pasaje del Noreste al norte de Siberia, en el extremo este de Asia. Llegó a la costa occidental de Nueva Zembla y la siguió hacia el norte, siendo finalmente obligado a dar marcha atrás cuando confrontó su extremo norte. A finales del siglo XVII, los rusos restablecieron una ruta comercial terrestre entre Europa y China bajo el nombre de la Gran carretera siberiana.


28/5/17

Ruta de la Seda (III)


La expansión mongola por todo el continente asiático, desde 1.207 hasta 1.360, contribuyó a la estabilidad política y a restablecer la Ruta de la Seda (a través del Karakorum). 
También puso fin al monopolio del Califato islámico sobre el comercio mundial. Debido a que los mongoles pasaron a dominar las rutas comerciales, ello permitió que más comercio entrase y saliese de la región. Las mercancías que a ellos no les parecían valiosas si eran vistas a menudo como muy valiosas en el Oeste; como resultado, los mongoles recibieron a cambio gran cantidad de bienes de lujo occidentales, aunque nunca abandonaron su estilo de vida nómada. Poco después de la muerte de Genghis Khan, la Ruta de la Seda quedó en manos de sus hijas.

Los viajes de Marco Polo abrieron los ojos occidentales a algunas de las costumbres del Lejano Oriente. Aunque no fue el primer europeo en recorrer la ruta, pues Mateo Polo y Nicolo Polo (tío y padre de Marco) habían realizado un viaje similar antes de invitarle a tomar parte en la segunda expedición al khanato de China. También había sido precedido por numerosos misioneros cristianos en Oriente, como Guillermo de Rubruck, Benedicto de Polonia, Giovanni da Pian del Carpine y André de Longjumeau. Otros enviados más tardíos fueron Odorico de Pordenone, Giovanni de Marignolli, Juan de Montecorvino, Niccolò de Conti, o Ibn Battuta, un viajero marroquí musulmán que pasó por el actual Medio Oriente y que recorrió toda la Ruta de la Seda, desde Tabriz, entre 1325-1354.
En el siglo XIII hubo intentos de una alianza franco-mongola, con intercambio de embajadores y fallidas colaboraciones militares en Tierra Santa durante las últimas cruzadas, aunque al final los mongoles, después de haber destruido las dinastías de los abásidas y los ayubidas, con el tiempo se convirtieron al islam, y firmaron en 1.323 el Tratado de Alepo con el superviviente poder musulmán, el sultanato mameluco de Egipto.

Algunos estudios de investigación indican que la peste Negra, que devastó Europa a finales de la década de 1.340, podría haber alcanzado Europa desde Asia central (o China) a lo largo de las rutas comerciales del Imperio mongol.
Los viajeros portaban agentes patógenos a poblaciones que no habían adquirido inmunidad a ciertas enfermedades, por lo que una epidemia podría tener consecuencias dramáticas. El caso más famoso es el de un brote de peste en el siglo XIV, la plaga estalló en China hacia el año 1.330, esta usaba como vectores a los roedores y de los roedores a las pulgas y de las mismas a los seres humanos, siendo altamente contagiosa y letal. Durante mucho tiempo, la plaga apareció solo en la provincia sureña china de Yunnan.
A principios del siglo XIV las tropas mongolas dispersaron las pulgas infectadas, a continuación la peste se propagó rápidamente y los barcos comerciales (principalmente venecianos) complementarios a la Ruta de la Seda que partían de Kaffe (asediada por los mongoles) en la península de Crimea transportaron en el año 1.348 la peste a la Europa mediterránea y luego llegó al centro de Europa. Esta propagación rápida de la plaga que recibe el nombre de peste negra, fue causada por el comercio de pieles que portaban pulgas.

En Junio de 2014, la Unesco eligió un tramo de la Ruta de la Seda como Patrimonio de la Humanidad con la denominación “Rutas de la Seda: red viaria de la ruta del corredor Chang’an-Tian-shan”. Se trata de un tramo de 5.000 kilómetros de la gran red viaria de las Rutas de la Seda que va desde la zona central de China hasta la región de Zhetysu, situada en el Asia Central, incluyendo 33 nuevos sitios en China, Kazajistán y Kirguistán.

El experto en prehistoria André Leroi-Gourhan considera esta ruta como un espacio de intercambios activo desde el Paleolítico. Heredera de la Ruta del jade, cuyos restos se remontan a hace 7.000 años. Sin embargo, la ruta no se menciona en las crónicas chinas hasta el siglo II a.C.
Este itinerario sería el resultado de la curiosidad del emperador chino Wu (gob. 141-87 a.C.) de la dinastía Han por los pueblos civilizados lejanos, que se decía que habitaban en las regiones occidentales más allá de las tribus bárbaras. Los griegos, y luego los romanos, comenzaron a hablar del «país de los Seres» desde el siglo IV a.C. para designar a China.

22/5/17

Ruta de la Seda (II)

Las Rutas de la Seda (en amarillo) y la Ruta de las Especias (en azul) fueron una compleja red comercial que dio la oportunidad de intercambiar bienes y cultura.

El eje Roma-Changan marcaba el principio y el final de una gran cadena de intercambios, cuyos eslabones enlazaban a territorios que hoy corresponden a Turquía con Siria, a Irak con Persia, al Cáucaso con las fronteras de la India y China; y cuyos centros comerciales, en los que se realizaban las últimas y las primeras transacciones, dependiendo si se avanzaba hacia Changan o hacia el Caspio, eran las ciudades próximas al valle de Fergana (Bukhara, Khiva y Samarkanda) o las situadas en el inhóspito desierto de Takla-Makan, cuyos oasis eran bien conocidos por los conductores de las caravanas; especialmente los de las ciudades de Tashkurgán, Kashgar, Yarkand y Jotán en las que, por imperativos del clima, estaban obligadas a detenerse durante un período de tiempo siempre incierto hasta alcanzar el límite oeste de la verdadera China de entonces: la Puerta de Loulan.

Con el apogeo del Islam bajo la Dinastía Omeya (661-750), que quería controlar las más importantes líneas comerciales a China, tomó la mitad occidental de la Ruta de la Seda, y esta se vio interrumpida, ahogando el comercio de otras naciones con precios elevados y altas tasas. Este fue el principio del fin.
El aspecto más importante del entramado comercial de esta ruta, era el papel de intermediarios que ejercían los comerciantes islámicos, que conscientes de los beneficios económicos que dejaba este trasiego comercial, no permitieron la entrada de comerciantes europeos o asiáticos en la ruta, convirtiéndose en los elementos que hacían funcionar el sistema. Las caravanas procedentes de Siria y Mesopotamia cruzaban todo el continente asiático para adquirir a bajo precio los productos que después venderían a precios desorbitados a los comerciantes o intermediarios europeos. Para ello, las caravanas hacían uso de una red de albergues llamados caravansarays para pernoctar, protegerse y proveerse.

La pimienta, originaria de la India, se extendió por Indonesia y Malasia en torno al año 600 a.C. Los chinos la distribuían por las rutas de la seda, siglos después fue traída a Europa por el comerciante griego Eudoxo de Cícico, que embarcó en una expedición al continente asiático y trajo piedras preciosas, azafrán, clavo, jengibre y pimienta, iniciándose así su comercialización.
Los romanos mantuvieron su uso culinario y afrodisíaco exportándolo inicialmente a Egipto, Norte de África para posteriormente llevarlo a los territorios de Iberia. A partir de este momento la pimienta fue considerada la especia más valiosa por su gran resistencia ya que podía almacenarse muchos años sin sufrir deterioro. Su comercio estaba controlado por Genoveses y Venecianos, que la importaban por vía marítima desde las Indias Orientales para posteriormente distribuirla por todo el Mediterráneo.
Tras la caída de Constantinopla en manos turcas, en 1.453, se paraliza casi todo el comercio de las codiciadas especias, especialmente el de la pimienta, por lo que numerosos navegantes del siglo XV salen al mar con el fin de trazar nuevas rutas, como la ruta africana abierta por el portugués Vasco de Gama o el intento de Cristóbal Colón que culmina con el descubrimiento de América.
En España en los inicios de la Edad Media empezó a utilizarse la pimienta como medio de pago de deudas, impuestos o rentas, e incluso podía entregarse como dote para las hijas de nobles y comerciantes.

La pimienta era el producto de mayor importación en Europa, llegando a consumirse del orden de 3 millones de kilos anuales, que se empleaban tanto en cocina como en aplicaciones terapéuticas, la molécula piperina es un eficaz insecticida y antiparásitos, pero solo las clases adineradas podían permitirse su consumo. Algunos historiadores llegaron a considerar esta especia como uno de los factores más importantes de desarrollo comercial de la época preindustrial.

Para el mundo islámico, la Ruta supuso una excelente fuente de ingresos que se convirtió en la base de su economía. Para Europa, una sangría económica irrenunciable (los productos eran insustituibles). Como respuesta a este hecho, Europa se lanzó a buscar nuevas rutas marítimas, originando la era de los descubrimientos.

Una nueva situación política en China protagonizada por las dinastías Tang, Song y Yuan desde el siglo VII hasta mediados del siglo XIV, y una nueva realidad económica y cultural en Occidente hicieron posible el restablecimiento de nuevas relaciones entre los dos mundos gracias a que, junto a las mercancías, empezaron a intercambiarse también las ideas, los conocimientos artísticos, los idiomas y las religiones. Desde entonces, las Rutas de la Seda dejaron de ser caminos exclusivos de los comerciantes y de los militares, y empezaron a ser transitados cada vez con más frecuencia por intelectuales y por monjes de las principales religiones del mundo, que supieron también, como si fueran ávidos comerciantes del espíritu, intercambiarse entre ellos las enseñanzas de Buda, Confucio, Jesucristo y Mahoma.

Continuará...

19/5/17

Ruta de la Seda (I)

La Ruta de la Seda se originó durante el siglo I a.C., siguiendo a los esfuerzos de los yuezhi y xiongnu en la cuenca del Tarim para consolidar un camino hacia el mundo occidental y la India, tanto a través de asentamientos directos en el área de la cuenca como de relaciones diplomáticas con los países de los Dayuan, Partos y Bactrianos más al oeste.

Las momias encontradas en la cuenca del Tarim, localizadas a unos 200 km. al este de Yingpan, en la Ruta de la Seda datan de 1.600 a.C. en la época del antiguo reino de Loulan, sugieren la existencia de contactos muy antiguos entre el Oriente y el Occidente. Estos restos momificados podrían haber sido de personas que hablaban lenguas indoeuropeas, lenguas que se siguieron usando en la cuenca del Tarim, en la moderna región de Xinjiang, hasta su sustitución por las influencias túrquicas del norteño Imperio xiongnu, y por influencias del oriente de China de la dinastía Han, que hablaban lenguas Sino-tibetanas.

El término "Ruta de la Seda" fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda, en 1877. La seda era la mercancía más prestigiosa que circulaba por ella, cuya elaboración era un secreto que solo los chinos conocían.
Los romanos (especialmente las mujeres de la aristocracia) se convirtieron en grandes aficionados de este tejido, que lo obtenían antes del comienzo de nuestra era a través de los Partos, quienes se dedicaban a su comercio. Muchos productos transitaban estas rutas: piedras y metales preciosos (diamantes de Golconda, rubíes de Birmania, jade de China, perlas del golfo Pérsico), telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, porcelana, vidrio, materiales manufacturados, coral, etc. etc.
China importaba principalmente, oro, plata, piedras preciosas, marfil, cristal, perfumes, tintes y otros textiles provenientes de Europa y de los reinos por donde transitaba la ruta y de otros que tenían sus propias rutas comerciales que engarzaban, en algún punto, con la misma Ruta. China exportaba mayormente seda, pieles, cerámica, porcelana, especias, jade, bronce, laca y hierro.

En época de Heródoto (475 a.C.), el Camino Real Persa recorría 2.857 km. desde la ciudad de Susa, entre los ríos Karkheh y Dez (a unos 250 km. al este del Tigris hasta el puerto de Esmirna en Turquía) en el mar Egeo. La pista era mantenida y protegida por el Imperio aqueménida (500-330 a.C.) y tenía estaciones postales y puestos de descanso a intervalos regulares. Al tener caballos de refresco y jinetes disponibles en cada uno de ellos, los correos reales podían llevar mensajes recorriendo todo el camino en nueve días, un trayecto que a los viajeros normales les llevaba cerca de tres meses. Este Camino Real vertebraba el Imperio, conectando con muchas otras rutas, algunas de ellas, como las rutas a la India y al Asia central, también protegidas por los aqueménidas, que fomentaban el contacto regular entre la India, Mesopotamia y el Mediterráneo.
Hay menciones en el bíblico Libro de Esther de los despachos que se enviaban desde Susa a las lejanas provincias de la India y del reino de Kush durante el reinado de Jerjes el Grande (485-465 a.C.).

El primer paso importante en la apertura de la Ruta de la Seda entre Oriente y Occidente llegó con la expansión del imperio de Alejandro Magno en Asia central. En 329 a.C. Alejandro fundó la ciudad de Alejandría Escate o «Alexandria más lejana» en la desembocadura del valle de Fergana en el actual Tayikistán. La ciudad se convirtió más tarde en un punto de parada importante en la Ruta de la Seda septentrional.

Los griegos se mantuvieron en Asia central durante los siguientes tres siglos, primero a través de la administración del Imperio seléucida y luego con el establecimiento del reino grecobactriano en la región de Bactria. Continuaron expandiéndose hacia el este, sobre todo durante el reinado de Eutidemo I (230-200 a.C.), que extendió su control más allá de Alejandría Escate hasta llegar a la Sogdiana. Hay indicios de que pudo haber conducido expediciones hasta Kashgar, en el Turkestán chino, dando lugar a los primeros contactos conocidos entre China y Occidente alrededor del año 200 a.C.. El historiador griego Estrabón escribió: «extendieron su imperio incluso hasta los Seres (China) y los Phryni».

Continuará...

13/5/17

Pentalasia (II)

A medio camino entre Mesopotamia (cuencas del Tigris-Éufrates) y Egipto (cuenca del Nilo), limitada al Sur por el desierto árabe y al Norte por las montañas kurdas y turcas, floreció la primera cultura proto-civilizada, con el río Jordán y el Mar Muerto como columna vertebral.

Las sociedades humanas de Pentalasia primero y de las cuencas del Nilo, el Indos y el Río Amarillo después, experimentaron un desarrollo material y demográfico impresionante gracias a la agricultura, la ganadería, la técnica, el uso de metales y la invención del arado, la rueda y el carro. A la sombra de los enormes zigurats sumerios nacieron instituciones tan familiares y actuales como el dinero, el préstamo, la usura y la esclavitud por deuda, así como los primeros sistemas bancarios, entorno a los activos económicos (excedentes de granos de cereales, tierras, herramientas, armas, metales, arte, piedras preciosas) controlados por el Palacio o el Templo.
Dice el historiador británico Paul Johnson que ninguna civilización de Próximo Oriente prohibió la usura debido a que estas sociedades consideraban que "la materia inanimada estaba viva, como las plantas, los animales y las personas, y que era capaz de reproducirse a sí misma". El dinero, por tanto, debía por fuerza ser capaz de reproducirse igual que un ser vivo, y muchos pueblos que se habían negado a divinizar al hombre, a los animales y a la Naturaleza, confirieron en cambio cualidades divinas a las primeras formas de dinero y riqueza puramente material.
Las tribus agricultoras eran sedentarias, dando lugar a los primeros centros urbanos civilizadores de la historia, mientras que las tribus pastorales eran todavía nómadas y tendían a llevar una conducta predatoria sobre las primeras. Una de estas tribus pastorales, que ha tenido una influencia desproporcionada sobre el planeta y la humanidad, fue la de Abraham.

Abraham, el patriarca fundador del monoteísmo abrahámico (que incluye el judaísmo, el cristianismo y el Islam) habría vivido alrededor de 1.700 a.C. y era un pastor-ganadero y hombre de negocios. Su lugar de nacimiento fue "Ur de los Caldeos", que seguramente se corresponde con la ciudad-estado sumeria de Ur, actual sur de Iraq. Abraham y su gente salieron del país, probablemente expulsados por los sumerios, y emprendieron una migración que los llevó primero a Harán (actual sur de Turquía) y luego a la población de Shechem (la actual Nablus, Cisjordania), en Canaán, situada en un importante nudo de rutas comerciales donde se vendían uvas, aceitunas, trigo, ganado, cerámica y otras mercancías.
El Antiguo Testamento nos cuenta que Canaán fue azotada por una hambruna, de modo que Abraham y su gente pusieron rumbo al rico Egipto, cruzaron el embudo de Sinaí-Suez y fueron bien acogidos.

Los fenicios, un pueblo semita, comenzaron a florecer en 1.200 a.C. en lo que hoy es Líbano, el norte de Israel y el sur de Siria. Se supone que es la misma época en la que Moisés recibió la Torá en el Monte Sinaí. Protegidos por montañas de las civilizaciones del interior de Pentalasia, los fenicios se expandieron por todo el Mediterráneo, dominaron la fachada atlántica tanto de Europa como de África y probablemente llegaron hasta América. Era la Edad del Bronce, y para fabricar bronce se añade estaño al cobre. Hubo en todo el Mediterráneo una "fiebre del estaño", que los fenicios terminaron por dominar, llegando a la próspera Tartessos y a las "Islas Casitérides" (británicas, concretamente Cornualles y las Islas Sorlingas, ricas en el metal) y protegiendo celosamente la Ruta del Estaño, especialmente en su punto más vulnerable: el estrecho de Gibraltar.
Grandes marineros y comerciantes, se dedicaron también a la leña, aprovecharon sus enormes bosques y exportaron grandes cantidades de madera de cedro, especialmente hacia Egipto, para construir barcos, sarcófagos y carros.
El hecho de que, utilizando el Levante como base, los fenicios pudiesen dominar costas tan alejadas fue en parte debido a la misma configuración geográfica de su tierra, con largas cadenas montañosas que tienden a aislar su costa del resto del continente asiático, proyectando sus pueblos hacia el mar, o bien protegiendo naturalmente a pueblos que invaden desde el mar asentándose en la costa.

Pronto empezó a hacerse evidente que el Imperio Bizantino era incapaz de controlar sus posesiones asiáticas sin ayuda del resto de Europa. Anatolia estaba cayendo en manos de los turcos selyúcidas y la Cristiandad necesitaba seguir manteniendo un pie en Pentalasia. Respondiendo a una petición del emperador bizantino Alejo I Comneno, el Papa Urbano II proclamó en 1.096 la Primera Cruzada, con el ideal de rescatar los Santos Lugares de la conquista islámica y liberar a los cristianos orientales y el objetivo pragmático de dominar una franja de un enorme valor estratégico y económico, así como reabrir el comercio internacional en el Mediterráneo. Los reinos españoles del Norte, que ya mantenían su propia cruzada contra las también españolas Taifas musulmanas, habían contado cada vez más con la ayuda de caballeros extranjeros (especialmente francos), y el Papa ya había hecho un llamamiento internacional para reconquistar Tarragona en términos similares a los de una cruzada.

La noticia de la nueva empresa conjunta corrió como la pólvora por Europa Occidental y los ejércitos cristianos, hechizados por la fama legendaria de las riquezas de Oriente, ansiosos de alzar su cruz sobre la media luna, recorrieron los Balcanes, la cuenca del Danubio y los dominios bizantinos hasta llegar a Tierra Santa. En 1099, los europeos (esencialmente francos, germanos, ingleses, flamencos, normandos, bizantinos, venecianos, genoveses y armenios) llegaron a Jerusalén, y sin mediar asedio la tomaron al asalto.
Cuando la noticia del éxito de la cruzada llegó a Europa, muchos de los que no habían querido alistarse o que habían vuelto a sus casas antes de la victoria definitiva, fueron objeto de burla y escarnio por parte de sus familiares y conocidos, y hasta se les amenazó con la excomunión.

La conquista de Jerusalén anunció un nuevo orden en la Europa mediterránea y en Próximo Oriente. Por un lado, los cristianos avanzaron hacia las cadenas montañosas que dominaban las costas levantinas y establecieron rápidamente toda una infraestructura de fortalezas, así como varios Estados en toda la franja del Levante: el Reino de Jerusalén, Condado de Trípoli, Principado de Antioquía, Condado de Edessa y Principado de la Cilicia Armenia (también denominada Armenia Menor). En las problemáticas fronteras entre estos reinos cristianos y los dominios musulmanes, así como en los enclaves estratégicos surgieron las famosas órdenes religioso-militares europeas del Levante (Caballeros Hospitalarios, Santo Sepulcro, Temple, Teutónica, San Lázaro, etc.)


10/5/17

Pentalasia (I)


Pentalasia es una región donde coinciden las influencias de cinco espacios marítimos diferentes y probablemente sea la zona más estratégica del mundo entero. Dentro de Pentalasia, existe una franja particularmente crítica, el litoral oriental del Mediterráneo, el llamado Levante o Bilad al-Sham (Gran Siria), una curva que va desde el delta del Nilo hasta la provincia turca de Cilicia (que fue un reino armenio hasta la invasión turca), dominando el eslabón crucial donde Eurasia se convierte en África y el Mediterráneo en el Mar Rojo.
El Levante tiene una impresionante historia de choques, guerras y conflictos entre tribus, razas sociedades, civilizaciones, religiones, superpotencias, estilos de vida y formas de ver el mundo, que llega a nuestros días más turbulenta que nunca.

Durante el Paleolítico, el Mediterráneo era muy distinto. Chipre estaba unido al continente, Córcega y Cerdeña formaban una sola isla, Malta, Sicilia y la Península Itálica formaban una sola continuidad territorial, el Adriático y el Egeo quedaron muy reducidos, no existían el Bósforo ni los Dardanelos (convirtiendo al Mar Negro en un lago interior), y el Mediterráneo entero casi quedaba dividido por la mitad en un angosto estrecho que separaba a Túnez de Italia. Florecieron en el Levante ―especialmente en lo que hoy es el Estado de Israel, pero también en Siria, Palestina y otros lugares― numerosas comunidades humanas de la raza neandertal-oriental.
Parece claro que cuando de África volvió a salir otra oleada migratoria humana, se encontró con estos neandertales israelíes y se mezcló hasta cierto punto con ellos, en tiempos tan antiguos como hace 80.000 años. Estos "humanos modernos" luego procedieron al norte a través del Valle de Jordán, colonizando el continente eurasiático, que por aquel entonces estaba habitado por diversas razas y variedades Erectus y Neandertal. En virtud de esta mezcla, toda la humanidad eurasiática tiene porcentajes variables de aportes neandertales en su genoma. Algunos paleoantropólogos hasta sugieren que Israel fue el único sitio donde los neandertales y "hombres modernos" convivieron y se cruzaron pacíficamente. En Europa, el Neandertal y el Cromagon lucharon hasta que las últimas comunidades puras propiamente neandertales se extinguieron en Gibraltar hace 24.000 años.

Mientras que la espiritualidad Cromagnon, procedente de un imaginario cazador, plasmó la figura humana y animal en sus pinturas rupestres y estatuillas, y lo haría posteriormente en obras de arte muy evolucionadas, la espiritualidad del Neandertal oriental (encarnada después en el judaísmo, el cristianismo primitivo y el Islam) las consideraría profanas, representando en cambio motivos vegetales, minerales, caligráficos, simbólicos y abstractos.
Los herederos indoeuropeos del Cromagnon eran dados a adorar a dioses concretos, fuertemente personalizados y caracterizados, como si hubiesen encarnado sobre la Tierra, e incluso humanizaban fenómenos y entidades de la Naturaleza, como el viento, los bosques y los ríos. También consideraban que los dioses podían poseer a los hombres transitoriamente, infundiéndoles inspiración. Por el contrario, la espiritualidad oriental se veía más inclinada a la adoración de dioses abstractos, lejanos, sin rasgos, monolíticos, inhumanos y que parecían "no ser de este mundo".
Resulta revelador que la menos oriental de las religiones orientales, es decir, el cristianismo, adorase precisamente a Cristo, es decir, a Dios humanizado, Dios hecho carne y caminando sobre la Tierra. Reconocer que Dios impregnó la materia con su esencia y encarnó en la Tierra era como el paso anterior a la santificación de la materia y de la misma Tierra (cuyo papel se corresponde en el imaginario cristiano con la Virgen María). A fin de cuentas, si la materia es como un cáliz que contiene la esencia divina, ese cáliz también se ve divinizado.

El nuevo sistema de vida, llamado civilización, junto con una nueva filosofía, una nueva espiritualidad, nuevos oficios y nuevas formas de organización social, se expandió alimentada por nuevas migraciones procedentes de Asia Central, e impulsando el peso demográfico de todas las tribus que lo adoptaban.
Las industrias pétreas (puntas de flecha, etc.) se hicieron cada vez más pequeñas, culminando en los microlitos de culturas locales como el Kebariense Geométrico, y hace 11.000 años, surgió el primer poblado humano permanente en Jericó, un antiguo emplazamiento de cultos rituales lunares al norte del Mar Muerto. El poblado se rodeó de una muralla de piedra y se dotó de una torre: había nacido la primera ciudad conocida del registro arqueológico. La Revolución Neolítica seguirá creciendo y Europa será colonizada a través del Mediterráneo, el Danubio y posteriormente las estepas del Este.

Continuará...