22/11/17

Teoría de la Reminiscencia

La teoría de la reminiscencia, es una teoría del conocimiento según la cual conocer es recordar.

Aunque tiene antecedentes, la teoría se asocia principalmente a Platón, para quien adquirir conocimiento consiste en recordar lo que el alma sabía cuando habitaba en el mundo inteligible de las ideas antes de caer al mundo sensible y quedar encerrada en el cuerpo. Así, la teoría de la reminiscencia está ligada a la diferencia platónica entre el cuerpo y el alma.
El recuerdo se logra principalmente mediante el diálogo filosófico. Probablemente Platón no defendía este punto de vista respecto a la adquisición de conocimientos particulares, sino de los dotados de universalidad y necesidad, tales como las matemáticas, que no pueden explicarse a partir de la experiencia empírica o perceptiva.

La teoría de la reminiscencia aborda el doble problema de la adquisición de conocimiento y de su justificación.
A pesar de que todo lo que el hombre ve, oye y siente se podría considerar como un conocimiento, la veracidad de éste no puede garantizarse, porque no todos los hombres sienten de la misma forma, y lo que para uno es, por ejemplo, caliente, para otro es tibio, y así sucesivamente. Es por eso que resulta difícil o incluso imposible basar la teoría únicamente en las sensaciones, a pesar de que en un principio pueda parecer lo más evidente.
Frente a este problema, Platón se remite a las matemáticas en las que, sin necesidad de sentir, se puede llegar a proposiciones claramente verdaderas que parecen surgir de uno mismo. Esta evidencia, según la cual la verdad no parece salir del mundo exterior sino de la razón propia, muestra como la mente (o el alma) parece producir información común a todos los humanos, por ejemplo cuando se hacen operaciones matemáticas, mientras que las sensaciones parecen producir información individual, que no sirve para crear un conocimiento verdadero.
Por lo anterior, a pesar de la tendencia a creer que se obtiene el conocimiento a partir del mundo exterior, el conocimiento verdadero debe provenir de la mente.

Dada tal necesidad, es necesario considerar la forma en que la mente provee conocimiento. Como obviamente Platón no deseaba limitar su teoría a las matemáticas, sino extenderla también al conocimiento acerca de objetos reales, se ve en la difícil tarea de idear una forma en la que la mente concibe los objetos del mundo exterior sin tener contacto con ellos. Y esa forma consiste en darle de cierta manera un alma a los objetos, equipararlos de una existencia inmaterial que, al igual que nuestra mente, sea propicia al conocimiento verdadero, ya que puede ser generalizada. Tal existencia inmaterial es la forma del objeto. Así, todos los objetos de una misma clase (por ejemplo, todas las manzanas) se derivan de una misma forma (la manzaneidad), que al ser de la misma naturaleza que la mente se puede conocer, y conociéndola, es posible conocer cualquier objeto derivado de ella (las manzanas particulares).
Todas estas Formas se encuentran en el mundo de las Formas, o de las Ideas, en el cual también, según Platón, se encuentran las almas antes de encarnarse en cuerpos y nacer. Es por eso que, según él, todo el conocimiento proporcionado por las formas de las cosas se encuentra en el alma del hombre, pero sólo al contacto con las instancias de las formas, es decir, los objetos concretos, es capaz de recordarlas.

En el “Mito del carro alado”, Platón utiliza esta alegoría para descubrir las partes del alma y el afán humano por el conocimiento. Consiste en que el alma está formada por un caballo blanco (tendencias positivas, bueno, hermoso), que se localiza en el pecho; otro negro (tendencias negativas, malo, feo), que se encuentra en el vientre y por último el auriga (la parte racional), que se encuentra en la cabeza.
El alma es una fuerza natural que mantiene unidos al carro y su auriga (sostenidos por alas). La fuerza del ala consiste en llevar hacia arriba lo pesado, elevándose hacia el lugar en donde habitan los dioses. Lo divino es hermoso, sabio, bueno y hace crecer las alas, las alimenta. En cambio lo malo, vergonzoso y feo hace que se consuman y perezcan.
Si el auriga controla a los caballos, se elevará y contemplará el mundo de las ideas, si por el contrario no lo hace, los caballos se rebelan, no podrá elevarse y caerá en el mundo de las cosas, el mundo sensible. El alma acabará en un cuerpo aprisionado con el anhelo de retornar a su mundo original.
Para conseguirlo requerirá hacer nacer las alas, lo cual se logra a través del amor, el anhelo de alcanzar la belleza, y la justicia. Cuando el alma alcanza todas sus virtudes (fortaleza, sabiduría, templanza) le llevarán a contemplar la idea del Bien mismo. Con ello hará que le vuelvan a crecer las alas, se elevará y volverá al mundo de las ideas.

Cuenta la historia que las almas fueron convertidas en carros tirados por dos caballos: el blanco que representaba a la parte sensible y el negro, a la pasional; por otro lado el auriga representaba la parte racional y era el encargado de llevar el control. Estas almas vivían felices y sin ataduras; solo existía una regla que no debía ser rota jamás: “si uno de los caballos domina al auriga, el alma era expulsada al mundo sensible”. Muchas almas lo cumplieron, pero hubo unas cuantas que la desobedecieron y fueron expulsadas a un mundo imperfecto, donde una especie de cárcel llamada cuerpo las capturó. Intentaron de todo para escapar pero no lograron, fue entonces que un hombre muy sabio les dio la solución: “la única forma de escapar de este cuerpo es alcanzando el conocimiento máximo, si no lo alcanzas seguirás cambiando de cuerpo hasta que lo logres” dijo Platón.
Fue así como las almas desobedientes empezaron a conocer y luchar por descubrir la verdad; pero se dieron cuenta de algo muy importante; ellas conocían ciertas cosas, no aprendían de cero ya que recordaban las Ideas que habían contemplado y visto en el mundo de las Ideas. Finalmente dejaron esta cárcel para ir al mundo maravilloso y perfecto de las Ideas.

El texto en el que Platón recoge el mito del Auriga (o del Carro alado) se encuentra en su diálogo "Fedro" (246d): "Sobre su inmortalidad, pues, basta con lo dicho. Acerca de su idea debe decirse lo siguiente: descubrir cómo es el alma sería cosa de una investigación en todos los sentidos y totalmente divina, además de larga; pero decir a qué es semejante puede ser el objeto de una investigación humana y más breve; procedamos, por consiguiente, así. Es, pues, semejante el alma a cierta fuerza natural que mantiene unidos un carro y su auriga, sostenidos por alas. Los caballos y aurigas de los dioses son todos ellos buenos y constituidos de buenos elementos; los de los demás están mezclados. En primer lugar, tratándose de nosotros, el conductor guía una pareja de caballos; después, de los caballos, el uno es hermoso, bueno y constituido de elementos de la misma índole; el otro está constituido de elementos contrarios y es él mismo contrario. En consecuencia, en nosotros resulta necesariamente dura y difícil la conducción”.

Fuente: Wikipedia

12/11/17

Ideología y Corrupción

En ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana.

Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas específicos, como son el económico, social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso, medioambiental u otros relacionados al bien común.
Por su origen, alcance y propósito, las ideologías pueden desarrollarse gradualmente a través de la observación, el diálogo, el ajuste mutuo y el consenso sobre lo que es considerado socialmente correcto, desviado o dañino, o bien ser impuestas (incluso por medio de la violencia) por un grupo dominante especialmente interesado en generar influencia, conducción o control colectivo, sin distinción si éste es un grupo social, una institución, o un movimiento político, social, religioso o cultural, o si su propósito se centra en promover el bien común o un interés particular.

El concepto de ideología se diferencia del de Cosmovisión en que éste se proyecta a una civilización o sociedad entera, en cuyo caso está relacionado con el concepto de ideología dominante, cuando esta abarca todos los sistemas específicos de la sociedad y es compartida por una amplia mayoría de la población. Por su naturaleza colectiva, el concepto rara vez se restringe al modo de pensar de un individuo aislado o particular.

En ocasiones se usa el concepto ideología para desprestigiar o descalificar a un sistema de pensamiento, concepción del mundo o autor, señalando que está ideologizado. En principio, una ideología es una postura fundamentada que propone un punto de vista superior y programa de acción propositivo ante una situación social. Sin embargo, una ideología en manos de un grupo dominante corrompido opera como un sistema de creencias y racionalizaciones que refuerza su propia posición de privilegio.

El uso despectivo del término entiende a la ideología como un discurso de control social que:
-Obedece a los intereses y al egoísmo grupal de sus postulantes, en lugar de responder a una búsqueda del bien común.
-Posee un conjunto de soluciones fijas y preestablecidas para los problemas sociales.
-Es dogmático, planteando premisas normativas irrefutables y que no pueden ser comprobadas.
-Se acompaña del proselitismo, propaganda y en grados extremos, del adoctrinamiento.
-Cuenta con justificaciones internas y causas ajenas a su control para explicar sus propios fracasos. 

En su disertación sobre el bien humano, Bernard Lonergan detalla la relación entre ideología corrompida y egoísmo grupal de quien la postula: 
"Mientras que el egoísta individual tiene que soportar la pública censura de su modo de proceder, el egoísmo de grupo no solamente dirige el desarrollo a su propio engrandecimiento, sino que también abre un mercado para las opiniones, doctrinas y teorías que justifican su proceder, y revelarán al mismo tiempo que los infortunios de otros grupos se deben a la depravación que los corroe”.
Es decir, la ideología se convierte en un medio práctico que habilita a la vez la aprobación de las mayorías, su sometimiento, la autojustificación de conductas y el error de los oponentes, aunque el conjunto de ideas no respondan a la realidad, al interés genuino de la población ni al bien común.

En casos extremos, una ideología puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados. Llegados a considerar la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, ya sea político o religioso. Cualquiera que disienta pasa a ser un problema para el grupo dominante, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología. Tal es el problema que plantean disidentes, facciones y sectas.

El término "ideología" fue formulado por Destutt de Tracy (Mémoire sur la faculté de penser 1.796), y originalmente denominaba la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los signos que las expresan. 
Medio siglo más tarde, el concepto se dota de un contenido epistemológico por Karl Marx, para quien la ideología es el conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción, relacionando los conocimientos prácticos necesarios para la vida con el sistema de relaciones sociales; la relación con la realidades tan importante como mantener esas relaciones sociales, y en los sistemas sociales en los que se da alguna clase de explotación, evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión. 

En su célebre prólogo a su libro "Contribución a la crítica de la economía política", Marx dice: 
...El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la super estructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

La ideología interviene y justifica dirigiendo los actos personales o colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve. Pretende explicar la realidad de una forma asumible y tranquilizadora, pero sin criticismo, funcionando sólo por consignas y lemas. Ahora bien lo que ocasiona son falsas creencias que mantienen la interpretación o justificación previa tal como estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de las circunstancias reales. Por ello suelen acabar produciendo una separación entre las ideas y su práctica en la realidad, difícilmente asumible.
Exteriormente se ha asociado con mayor fuerza a la política, donde el clientelismo de los partidos impone unos intereses estrechos y cerrados. En su desarrollo lleva a que el comportamiento individual pueda derivar en una continuada falsa creencia, en un falso pensamiento y de ahí a una falsa práctica social. Además interiormente, los miembros del grupo ideológico admiten o no que determinado individuo pertenezca al grupo según comparta o no ciertos presupuestos comunes de pensamientos básicos.

Fuente: Wikipedia

8/11/17

Autócratas - Dictadores del s.XXI


No hace mucho tiempo, la puesta en escena de un golpe de Estado significaba sacar tanques a las calles o lanzar una masiva revuelta popular para derrocar a un gobierno y reemplazarlo por otro. Pero eso es muy del siglo XX, lo que sucede ahora es mucho más gradual, pero no menos eficaz.

La complacencia es costosa. Los movimientos tempranos exigen una respuesta firme. Los dictadores modernos no derrocarán a otro gobierno, lo que hacen es hacerse cargo del sistema de gobierno. Como hemos visto en los autócratas, desde Nicolás Maduro, en Venezuela, hasta Vladimir Putin, en Rusia; Recep Tayyip Erdogan, en Turquía; Daniel Ortega, en Nicaragua, y otros en diferentes etapas de este proceso.
El secreto está en manipular las normas democráticas, usándolas hasta dejarlas como una delgada cáscara, un escudo cosmético que contiene solo los restos destruidos de la democracia.
Sus historias ofrecen una antología de cuentos cautelosos llenos de información útil para las personas que quieren salvar a sus Estados de un destino similar.

Los autócratas se mueven y comienzan lentamente a desmontar el sistema. En primer lugar, ganan una elección, luego comienzan a desacreditar a la oposición, manchando y socavando a la prensa libre, inventando "enemigos del pueblo" en casa para socavar las críticas de los críticos. Las amenazas extranjeras también son útiles, especialmente si los autócratas pueden afirmar que tienen aliados al acecho en la patria.

Acusar a la oposición o a los medios de comunicación de ser parte de una "élite" o de ser un "Estado profundo", le permite al autócrata señalar a aquellos que denuncian los problemas como portadores de segundas intenciones. Esto impide que el público preste atención a sus argumentos y sus advertencias. Entonces, el autócrata y su equipo sistemáticamente desmantelan la independencia del poder judicial y, en última instancia, el estado de derecho.

En poco tiempo, el líder democráticamente o pseudo democráticamente elegido es indistinguible de un dictador. Cuando la mayoría de la gente se da cuenta de lo que ha sucedido, es demasiado tarde para echar atrás. De hecho, para entonces, el líder, en pleno control de una narrativa falsa, también puede ser enormemente popular. Un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo se convierte en un aparato de protección del gobierno de un individuo o partido, más sus compinches, a menos que la gente note las señales de advertencia temprano y actúe para prevenirlo.
Mantener el apoyo popular no siempre es posible, especialmente cuando la mala gestión económica es tan desastrosa como lo que ha sufrido el pueblo venezolano. Bajo el gobierno de Nicolás Maduro, la catástrofe económica ha alcanzado profundidades inimaginables. Es mucho peor que la Gran Depresión, amplificada por una criminalidad fuera de control. Sin embargo, Maduro, que fue ungido por el fallecido Hugo Chávez, está haciendo lo que sea necesario para mantenerse a sí mismo y a su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en el poder.

La reciente elección de una Asamblea Constituyente, claramente fraudulenta, está destinada a perpetuar el control del partido. Los líderes de la oposición están en prisión, los medios de comunicación independientes han sido paralizados por una ley que prohíbe noticias que "fomenten la ansiedad de los ciudadanos" o "que irrespete la autoridad". Y el Tribunal Supremo, como prácticamente todas las demás instituciones, trabaja a instancias del presidente.
El proceso en Venezuela tiene sus propios rasgos locales, pero se parece mucho a lo que hemos visto en otros países donde los autócratas han surgido de un capullo democrático, solo para aplastarlo.

Consideremos a Rusia, donde el presidente Vladimir Putin ha mantenido el poder desde la víspera de Año Nuevo de 1.999, asumió sistemáticamente todas las palancas del poder. Aquellos que se atrevieron a desafiarlo enfrentaron horribles destinos, desde el encarcelamiento en Siberia, como sufrió su crítico Mikhail Khodorkovsky, hasta muertes misteriosas, como la de la periodista Anna Politkovskaya, quien en 2.006 fue asesinada en su apartamento tras informar sobre actos de corrupción.

Putin, como Erdogan y Chávez, se benefició de grandes mejoras en las condiciones económicas anteriores en su gobierno. Eso ayudó a consolidar un núcleo de seguidores leales. Pero los votantes rusos no querían ver su democracia robada. Cuando las fraudulentas elecciones parlamentarias de 2.011 dieron el control del Parlamento al partido Rusia Unida, de Putin, se dieron las protestas más grandes desde la caída de la Unión Soviética. Tres meses después, Putin ganó su tercera elección presidencial. Para entonces, Rusia estaba bien encaminada hacia la completa dominación por Putin.
Desde sus primeros días se movió a tomar el control de los medios de comunicación y el mensaje. La televisión estatal, la principal fuente de noticias del 90% de la población, se convirtió en una fuente de propaganda del Gobierno. Los medios de comunicación independientes fueron desapareciendo gradualmente. La oposición ha sido en gran medida amordazada, el poder judicial ya no es independiente, y la verdadera democracia es un sueño que se desvanece.

Frida Ghitis, columnista de temas internacionales para The Miami Herald y World Politics Review, excorresponsal de CNN.

30/10/17

La República Popular China


En 1.953 después de que el control comunista se hubiera establecido con firmeza en la mayoría de las poblaciones, el Consejo de Gobierno Central Popular inició la elección de los congresos populares locales, que a su vez, eligieron los congresos del ámbito administrativo inmediatamente superior. En 1.954 se completó la red de congresos electos, con la elección del Congreso Nacional Popular, que aprobó el borrador de la Constitución que se envió al Comité Central del Partido Comunista Chino.

La Constitución de 1.954, que reemplazó a la Ley Orgánica de 1.949 como la ley fundamental del país, confirmó la hegemonía del Partido Comunista Chino e introdujo cambios destinados a centralizar el control del gobierno.

La política básica del régimen comunista fue transformar China en una sociedad socialista. Para alcanzar este fin se utilizaron ampliamente la educación en los principios del marxismo-leninismo y la propaganda política, en especial hacia los jóvenes.
Se aseguró a las mujeres una posición de igualdad mediante las nuevas leyes de matrimonio, que pusieron fin a la práctica del concubinato, la poligamia, la venta de niños y la interferencia en los nuevos matrimonios de las viudas, y aseguraban derechos iguales respecto al empleo, propiedad de los bienes y divorcio.
Se controló estrictamente la religión; se obligó a los misioneros extranjeros a salir del país y se colocó a clérigos chinos dispuestos a cooperar con los comunistas, al mando de las iglesias cristianas.
Los intelectuales se vieron sujetos al control gubernativo dirigido a la erradicación de las ideas anticomunistas.

En los primeros años de la República Popular, el gobierno también recurrió al terror en sus esfuerzos por eliminar a toda la oposición y a los enemigos potenciales; en 1.951, las autoridades de Pekín afirmaron que entre Octubre de 1.949 y Octubre de 1.950, se ejecutó a más de un millón de los denominados elementos contrarrevolucionarios. Algunas autoridades extranjeras estimaron que esos datos podrían haberse incrementado a finales de 1.951 a dos millones.

La primera acción de los comunistas fue reconstruir la economía, que se había visto afectada por las consecuencias de las décadas de guerra continua. Inmediatamente instituyeron medidas severas para controlar la inflación, restaurar las comunicaciones y restablecer el orden interno necesario para el desarrollo económico. Su política económica potenció la colectivización agrícola para poder promocionar el ahorro necesario para el establecimiento de la industria pesada.

La industria privada pasó gradualmente a estar bajo propiedad mixta estatal y privada. El control del Estado fue ejercido mediante una serie de programas que implicaban la incautación de los considerados sectores económicos básicos y la paulatina desaparición de algunos propietarios mediante pagos compensatorios fijos.
La reforma agraria se inició en 1.950 y fue seguida de la creación de equipos de ayuda mutua, cooperativas y granjas colectivas.
El primer plan quinquenal, que se inició en 1.953 y se llevó a cabo con ayuda Soviética, potenció la industria pesada a costa de los bienes de consumo. La ayuda económica y el consejo técnico soviético contribuyeron en gran manera al éxito inmediato del programa.

La política exterior china reflejaba la unidad existente en el movimiento comunista internacional en la década de 1.950. China y la Unión Soviética firmaron un tratado de amistad y alianza, y varios acuerdos complementarios que concluyeron en 1.952 y 1.954, por los que la Unión Soviética hizo grandes concesiones a China, como la desaparición de la presencia soviética en Dongbei Pingyuan (Manchuria).
China también pretendió estrechar relaciones con sus vecinos comunistas. Durante la guerra de Corea las tropas chinas ayudaron al régimen comunista de Corea del Norte contra las fuerzas de Naciones Unidas, enfrentándose directamente a las tropas de Estados Unidos.
Cuando este conflicto finalizó en 1.953, los chinos aceleraron el flujo de la ayuda militar a los insurgentes comunistas que luchaban contra los franceses en Indochina.

Zhou Enlai desempeñó un importante papel en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra de 1.954, que terminaron momentáneamente con las hostilidades en esta región.
Con su llegada al poder, el régimen comunista también intentó recuperar los territorios que consideraba dentro de las fronteras históricas de China. En 1.950, las tropas chinas invadieron Tíbet y obligaron al país a aceptar el mandato chino.
En agosto de 1.954, Zhou Enlai declaró oficialmente que la liberación de Taiwan era uno de sus principales objetivos, mientras que desde el campo nacionalista se insistía también en volver a unificar el país. Los comunistas comenzaron a bombardear a principios de Septiembre la isla de Quemoy, que se encontraba en manos de los nacionalistas, y posteriormente atacaron otras islas más allá de la costa de la China continental, entre las que se contaban Matsu y las Tachens.
Los nacionalistas respondieron con ataques aéreos y navales contra el continente.
Cuando en 1.955 los comunistas intensificaron su ofensiva contra las islas, los nacionalistas, con la ayuda de la VII Flota de Estados Unidos, evacuaron las Tachens. Desde 1.958 se ha mantenido de manera general por ambas partes un alto el fuego en los estrechos, aunque el régimen comunista nunca ha renunciado a utilizar la fuerza para conquistar Taiwan.

La prudencia y planificación que supuso el primer plan quinquenal fueron abandonadas en gran medida en el segundo, que comenzó en 1.958. Se impusieron controles más rígidos sobre la economía para incrementar la producción agrícola, restringir el consumo y acelerar la industrialización; se trataba en definitiva de realizar un “gran salto adelante”, como lo llamó la propaganda oficial. Sin embargo, a causa de una mala dirección e inadecuada planificación, el programa fracasó: la economía se desorganizó y la producción industrial descendió entre 1.959 y 1.962 hasta un 50 por ciento.

La situación empeoró en 1.960 con la retirada de la ayuda económica y el consejo técnico de los soviéticos. Mientras la Unión Soviética avanzaba hacia una coexistencia pacífica con Occidente, surgieron diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas. Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década de 1.960 y en 1.962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo máximo del comunismo: poner fin al capitalismo.

En particular, los chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de revisionismo moderno y de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo económico de China.
Los chinos comenzaron a competir abiertamente con la Unión Soviética por la jefatura del bloque comunista y por la influencia entre los nuevos Estados surgidos de la descolonización; con este fin Zhou Enlai viajó a Asia y África en 1.963 para obtener el apoyo a China.
Sin embargo, las tácticas subversivas impidieron los esfuerzos diplomáticos para obtener este fin. En 1.959, tropas chinas penetraron y ocuparon unos 31.000 km2 de territorio que reclamaba la India. Las negociaciones entre los dos países no fueron concluyentes y de nuevo en 1.962 se iniciaron fuertes enfrentamientos, cuando las tropas chinas avanzaron a lo largo de las fronteras reclamadas por India.
Aunque posteriormente los chinos retiraron sus tropas a las posiciones de 1.959, la agresión hizo disminuir el prestigio de China entre los Estados neutrales de Asia y África. En el Sureste asiático, China prestó su apoyo moral así como ayuda técnica y material a los movimientos comunistas de Laos y Vietnam.

Mientras los comunistas luchaban por construir la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales y burócratas, que querían un acercamiento más racional y moderado que animara la eficacia y productividad del país.
En Mayo de 1.956, los dirigentes del partido preocupados por las críticas de los moderados, más pragmáticos, lanzaron una campaña animando a los chinos a “dejar florecer cien flores, dejar luchar a cien escuelas de pensamiento.” Los intelectuales fueron instados a exponer sus quejas al sistema para que los problemas pudieran ser identificados y solucionados.
A comienzos de 1.957 Mao amplió la campaña de las “cien flores”, invitando a la libre crítica de la política gubernamental. Se asumió, por supuesto, que tales críticas se encontrarían dentro del marco del comunismo. Sin embargo en Junio de 1.957 se volvieron a imponer estrictos controles sobre la libertad de expresión, que pusieron fin a la denominada “primavera de Pekín”.

Fuente: Historia de China - Eugenio Anguiano.

28/10/17

La 2ª Guerra Mundial (II)

La lucha por la supremacía entre el Guomindang y el Partido Comunista.

En 1.945, poco después de que Japón capitulara, estalló la lucha entre los comunistas y las tropas del Guomindang por el control de Dongbei Pingyuan (Manchuria). Se alcanzó una tregua temporal en 1946 a través de la mediación del general estadounidense George C. Marshall. Aunque de inmediato se reanudó la lucha, Marshall continuó sus esfuerzos para unir a las dos partes. En agosto de 1.946, Estados Unidos intentó reforzar el papel de Marshall como mediador imparcial al suspender su ayuda militar al gobierno nacionalista. No obstante, las hostilidades continuaron y en enero de 1.947, convencidos de la inutilidad de proseguir la mediación, Marshall abandonó China.
Muy pronto el conflicto estalló en una guerra civil a gran escala y desaparecieron todas las esperanzas de un acercamiento político. En mayo de 1.947, se reanudó la ayuda estadounidense a los nacionalistas. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales estaban agotadas tras dos décadas de un estado de guerra casi continuo, el mando estaba dividido por la desunión interna y la economía estaba paralizada por una espiral inflacionista; además, los campesinos recelaban de una prometida reforma agraria que no llegaba nunca, mientras que los liberales en el gobierno eran sometidos por los sectores más conservadores.

En 1.947 la iniciativa militar pasó a los comunistas, cuyo Ejército de Liberación Popular (nombre oficial) dirigido por Lin Biao derrotó a los nacionalistas en Dongbei Pingyuan (Manchuria) y en el verano de 1.949, la resistencia nacionalista se derrumbó. El gobierno, con las fuerzas que pudo recuperar, buscó refugio en la isla de Taiwan.

La Revolución comunista había triunfado en China. En Septiembre de 1.949 los comunistas reunieron la Conferencia Consultiva Popular Política China, un cuerpo constituyente de 662 miembros, que adoptó un grupo de principios y directrices políticas y una ley orgánica para gobernar el país.
La conferencia eligió al Consejo de Gobierno Central Popular, que iba a servir de órgano supremo político. Mao Zedong, nombrado presidente de este organismo, era de hecho el jefe del Estado. De acuerdo con los poderes que había delegado en él la conferencia, el Consejo de Gobierno Central Popular instituyó los diferentes órganos de gobierno central y local. En el plano nacional, el Consejo Administrativo de Gobierno, encabezado por Zhou Enlai, llevó a cabo funciones de gobierno tanto legislativas como ejecutivas. Subordinados al Consejo se encontraban más de 30 comisiones y ministerios encargados de tratar diferentes aspectos de los asuntos estatales. La República Popular China fue oficialmente proclamada el 1 de Octubre de 1.949.

Continuará...

22/10/17

La 2ª Guerra Mundial (I)


En 1.937 Japón y China comenzaron una guerra a gran escala como resultado de una escaramuza en el puente de Marco Polo, cerca de Pekín.
Hacia 1.938 Japón controlaba la mayor parte del noreste de China, interior del valle del Yang-tsê hasta Hankou, y la zona alrededor de Cantón en la costa sureste.
El Guomindang cambió su capital y desplazó la mayor parte de su fuerza militar al interior a Chongqing en la provincia suroccidental de Sichuan.

Durante la II Guerra Mundial (1939-1945), el gobierno del Guomindang en Chonqing sufrió un importante debilitamiento militar y financiero mientras los comunistas, con su cuartel general en Yan’an, expandían de manera significativa sus bases territoriales y sus fuerzas militares gracias al aumento de la militancia en el partido. Después de haber sufrido importantes pérdidas humanas y materiales durante la batalla por la China oriental en 1.937 y 1.938, los mandos del ejército del Guomindang se reabastecieron con reclutas mal entrenados; además, el reequipamiento de estos ejércitos hubo de posponerse hasta 1.945, año en que llegaron al gobierno nacionalista los primeros envíos a gran escala de material militar estadounidense.
No sólo estaban muy debilitadas las fuerzas militares del gobierno del Guomindang después de 1.938 sino que también la jefatura estaba desgarrada por las múltiples disidencias en su seno. Estos problemas se complicaron con unas condiciones de inflación creciente que comenzó en 1.939, cuando el gobierno se desligó de su mayor fuente de ingresos en la China oriental ocupada por los japoneses.
A pesar de la importante ayuda financiera estadounidense, la tendencia inflacionista empeoró con el posterior crecimiento de la corrupción oficial, pérdida de la moral entre las tropas y entre la población civil.
Por otro lado, los comunistas se habían dispersado desde Yan’an, ocupando una gran parte del norte de China y se habían infiltrado en muchas de las regiones rurales por la retaguardia de las líneas japonesas. Allí organizaron hábilmente a los campesinos para que ingresaran en las filas del Partido Comunista y del Ejército Rojo. La unidad y la disciplina organizativa se mantuvieron a través de una fuerte campaña de propaganda ideológica.
Las fuerzas soviéticas, que ocuparon Dongbei Pingyuan (Manchuria) tras la declaración de guerra a Japón el 8 de Agosto de 1.945, entregaron a los comunistas gran cantidad de armas capturadas a los japoneses. Como resultado de ello, los comunistas salieron de la II Guerra Mundial con una fuerza más fuerte, disciplinada y equipada que antes.

Si siempre recordamos el sacrificio en vidas de la URSS contra los nazis, el de China no es menos, ya que murieron entre 15 y 20 millones de personas (entonces el país tenía unos 517 millones de habitantes).
Los chinos movilizaron alrededor de cinco millones de soldados que obligaron a los japoneses a desplegar un gran número de tropas, en 1.941 en el momento de la gran ofensiva nipona por Asia, tuvieron que mantener desplegadas en China 27 de sus 51 divisiones, entre ellas el poderoso Ejército de Kwantung, en el Manchukuo.
Además, China tuvo que hacer frente a terribles crímenes de guerra cometidos por los japoneses como la masacre de Nankín, el uso de armas químicas y bacteriológicas o los terribles experimentos de la Unidad 731.
Antony Beevor lo definió en su libro La Segunda Guerra Mundial: “los chinos no podían imaginar el grado de crueldad con el que los japoneses iban a ser capaces de actuar”.
Por si fuera poco, en el momento de la invasión japonesa de 1.937 con el incidente del puente de Marco Polo, China llevaba una década inmersa en una guerra civil entre los comunistas de Mao Zedong y los nacionalistas del Kuomintang del generalísimo Chiang Kai-Shek. Los primeros se especializaron en acciones guerrilleras, mientras que los segundos, llevaron el peso de los combates convencionales.

Japón se sentía agraviado por el hecho de que las potencias europeas ocuparan territorios dentro de lo que consideraban su esfera de influencia, por lo que en 1.937 se tomó la decisión de invadir China, conflicto que duraría 8 años.
El príncipe Konoye fue nombrado primer ministro en 1.940 e integró en su gabinete a Hideki Tōjōy Yōsuke Matsuoka, defensores acérrimos de la expansión de Japón por la fuerza. Para finales de ese mismo año, Japón firmó el Pacto Tripartito con Alemania e Italia, lo que alineaba a Japón con las «Potencias del Eje».

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry S. Truman, presidente de EEUU, se efectuaron el 6 y el 9 de Agosto de 1.945, lo que forzó la rendición de Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Continuará...

18/10/17

La República de China


La República de China mantuvo una frágil existencia desde 1.912 hasta 1.949. Aunque se adoptó una Constitución y se estableció un Parlamento en 1.912, Yuan Shikai nunca permitió que estas instituciones limitaran su control personal del gobierno.
Cuando el recién fundado Partido Nacionalista, o Guomindang, encabezado por Sun Yat-sen, intentó reducir el poder de Yuan, primero mediante tácticas parlamentarias y luego con la fracasada revolución de 1.913, Yuan respondió con la disolución del Parlamento, la ilegalidad del Guomindang y el gobierno a través de sus conexiones personales con los dirigentes militares provinciales. Sun Yat-sen se refugió en Japón. Yuan, sin embargo, se vio forzado por la oposición popular a abandonar sus planes de restaurar el imperio y convertirse en emperador. Murió en 1916, y el poder político fue ejercido por los jefes militares provinciales. El gobierno central mantuvo hasta 1.927 una existencia precaria y casi ficticia.
Durante la I Guerra Mundial (1914-1918), Japón buscó obtener una posición de supremacía incuestionable en China. En 1.915 presentó a China las denominadas “Veintiuna Demandas”, cuyos términos habrían reducido China a un virtual protectorado japonés. China, flexible ante una versión modificada de las demandas, accedió, entre otras concesiones, a transferir las posesiones alemanas en Shandong a Japón.

La tardía entrada de China en la guerra en 1.917 estaba destinada a conseguir participar en el futuro tratado de paz para revisar las ambiciosas peticiones japonesas. China esperaba que Estados Unidos, de acuerdo con su política de puertas abiertas, le ofreciera su apoyo. Sin embargo, en Versalles, el presidente estadounidense Woodrow Wilson retiró el apoyo de su país a China en el tema de Shandong, cuando Japón retiró sus demandas de una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Sociedad de Naciones, una disposición a la que se oponían duramente en Estados Unidos a causa de la posibilidad de que hubiera una afluencia ilimitada de mano de obra desde oriente.
La delegación china, indignada, se negó a firmar el Tratado de Versalles. Sin embargo, China obtuvo posteriormente su admisión en la Sociedad de Naciones a partir de la firma de un tratado de paz por separado con Austria.

Los jóvenes e intelectuales chinos, que en la década precedente habían vuelto sus ojos cada vez más hacia Occidente, en busca de modelos e ideales para la reforma de China, se sintieron traicionados por Wilson en Versalles. Cuando estas noticias llegaron, se inició en la Universidad de Pekín una manifestación masiva de protesta en contra de los japoneses, el llamado ‘Movimiento del Cuatro de Mayo’, que se extendió por todo el país en 1.919, tras ser sofocado, siguió un periodo de examen y reajuste, desde el cual surgieron dos objetivos claros: deshacerse del imperialismo que se cernía sobre China y restablecer la unidad nacional.

Los chinos estaban desilusionados por el cínico interés de los poderes imperialistas occidentales y se fueron acercando progresivamente al pensamiento marxista-leninista y a la Unión Soviética. El Partido Comunista Chino (PCCh) se fundó en Shanghai en 1.921, contando entre sus primeros miembros con Mao Zedong.
En 1.923 Sun Yat-sen aceptó el consejo soviético para reorganizar un Guomindang en proceso de desintegración, y fortalecer sus débiles fuerzas militares. Al mismo tiempo aceptó el ingreso de comunistas en el Guomindang. Los principios ideológicos de Sun (nacionalismo, democracia y socialismo) estaban íntimamente relacionados con un espíritu antiimperialista y la defensa de la unificación nacional.
A pesar de la muerte de Sun en 1.925, el rejuvenecido Guomindang, bajo el mandato del joven general Jiang Jieshi, lanzó una expedición militar en 1.926 desde su base de Cantón.
Jiang buscaba reunificar China bajo el mandato del Guomindang y liberar al país del imperialismo y de la fuerza de los jefes militares provinciales (los llamados señores de la guerra). No obstante, antes de que el Guomindang completara la reunificación territorial de China ya en 1.928, Jiang llevó a cabo una cruenta purga de los miembros comunistas del partido, y desde entonces confió en el apoyo de las clases propietarias y de las potencias extranjeras.

El nuevo gobierno nacional que el Guomindang estableció en Nanjing en 1.928 se encontró con tres problemas de gran magnitud.
Primero, Jiang en realidad sólo tenía bajo su control cinco provincias, pues el resto del país aún estaba gobernado por jefes militares locales.
Segundo, hacia comienzos de la década de 1.930 se encontró con una rebelión interna comunista. Los comunistas chinos, después la purga del Guomindang en 1.927 se dividieron en dos facciones y pasaron a la clandestinidad. Uno de los dos grupos intentó fomentar los levantamientos urbanos; el otro, dirigido por Mao Zedong, tomó la zona rural de la China central, donde movilizó a los campesinos, formó un ejército con ellos y estableció algunas comunas siguiendo el modelo soviético. La primera facción se unió finalmente a Mao en la China central.
El tercer problema del nuevo gobierno Jiang fue la agresión japonesa en Dongbei Pingyuan (Manchuria) y el norte de China.

Durante la década de 1.920 Japón había moderado su política respecto a China. En la Conferencia Naval de Washington de 1.922, había aceptado devolver las antiguas posesiones alemanas en Shandong. Desde 1.928, sin embargo, el nacionalismo militante del Guomindang chocó con los intereses imperialistas japoneses interesados en el control del ferrocarril del sur de Dongbei Pingyuan (Manchuria).
El 18 de septiembre de 1.931, los japoneses se valieron de un presunto bombardeo nacionalista del ferrocarril para extender su control militar sobre toda la región. La primavera siguiente los japoneses transformaron las tres provincias de Dongbei Pingyuan (Manchuria) en el nuevo Estado de Manchukuo y posteriormente convirtieron a Puyi, el último gobernante de la dinastía manchú, en su emperador.
A comienzos de 1.933 la zona oriental de Mongolia Interior fue incorporada al Manchukuo. Hacia mediados de 1.933, Japón había conseguido de China un acuerdo para la desmilitarización del noreste de Hebei.

Mientras se ocupaba de estos tres problemas durante la década de 1.930, Jiang Jieshi negoció con los jefes militares locales y contemporizó con los japoneses, dando prioridad a la supresión de la rebelión comunista.
A finales de 1.934, consiguió desalojar al Ejército Rojo de su base de China central, pero los comunistas se desplazaron hacia el oeste y después al norte en la denominada Larga Marcha, que terminó en Yan’an, en la provincia de Shaanxi; hacia 1.936 habían establecido una nueva base en el noroeste.

Mientras se intensificaba la agresión de los japoneses, aumentó la presión popular para que los chinos pusieran fin a las luchas internas y se unieran contra Japón. Sin embargo, Jiang resistió hasta finales de 1.936, en que fue secuestrado por uno de sus propios generales. Durante su periodo de cautiverio en Xi’an fue visitado por el propio dirigente comunista, con quien acordó la adopción de una política común contra Japón. Cuando fue liberado moderó su postura anticomunista y en 1.937 se formó un frente unido del Guomindang y los comunistas contra los japoneses.

Continuará...

15/10/17

La Rebelión Taiping (II)

En 1.894 los esfuerzos japoneses por anexionarse Corea originaron la Guerra Chino-japonesa. China sufrió una derrota decisiva en 1.895 y se vio forzada a reconocer la pérdida de Corea, pagar una enorme indemnización de guerra y ceder a Japón la isla de Taiwan y la península de Liaodong, en el sur de Dongbei Pingyuan (Manchuria).

Rusia, Francia y Alemania reaccionaron de inmediato ante la cesión de la península de Liaodong, pues suponía otorgar a Japón una posición prioritaria en la región más rica de China. Estos tres Estados intervinieron demandando que Japón devolviera Liaodong a cambio de una mayor indemnización económica.
Una vez que consiguieron esto, las tres potencias europeas le presentaron a China nuevas demandas. Hacia 1.898, sin poder negarse a las demandas extranjeras, China había sido dividida en esferas de influencia económica. Se le concedió a Rusia el derecho a construir el ferrocarril Transiberiano, la posesión del ferrocarril chino oriental, que a través de Dongbei Pingyuan (Manchuria) llegaba hasta Vladivostok, y el ferrocarril del sur de esta región atravesando el extremo meridional de la península de Liaodong, así como derechos económicos adicionales exclusivos en el conjunto de Dongbei Pingyuan (Manchuria).
Otros derechos de exclusividad para el desarrollo de ferrocarriles y la explotación de minas se concedieron a Alemania en la provincia de Shandong, a Francia en las provincias meridionales, a Gran Bretaña en las provincias ribereñas del Yangzi Jiang y a Japón en las provincias costeras del sureste.
Como resultado de la Guerra Ruso-japonesa (1904-1905), la mayor parte del ferrocarril del sur de Dongbei Pingyuan (Manchuria) y los derechos rusos de esta zona fueron transferidos a Japón. Estados Unidos, en un intento de mantener sus derechos en China sin competir por el territorio, inició la política de puertas abiertas en 1.899 y 1.900. Esa política, consentida por las restantes potencias, estipulaba que sus nuevos privilegios en China no cambiaban en ninguna manera la posición igualitaria de todos los Estados acogidos a las cláusulas de nación más favorecida. Estados Unidos acometió la garantía de la integridad territorial y administrativa de China, aunque permaneció hasta 1.941 sin respaldarla por la fuerza.

Hacia 1.898 un grupo de reformadores ilustrados adquirieron gran influencia sobre el joven y abierto emperador Guangxu. En el verano de ese año, incitados por la urgencia de la situación creada por el aumento de las nuevas esferas de influencia extranjera, aplicaron un profundo programa de reformas diseñado para convertir a China en una monarquía constitucional y modernizar su economía y sistema educativo. Este programa enfrentó a la oposición de la camarilla de oficiales manchúes elegidos por la Emperatriz Cixi, que se había retirado poco tiempo antes. Cixi y los oficiales manchúes secuestraron al emperador y con la ayuda de jefes militares leales sofocaron el movimiento reformista.
Se extendió por todo el país una reacción violenta, que alcanzó su punto álgido en 1.900 con un levantamiento xenófobo de la sociedad secreta de los Boxer, un grupo que gozaba del apoyo de la emperatriz viuda y de numerosos oficiales manchúes. Después de que una fuerza expedicionaria occidental hubiera aplastado la rebelión Boxer en Pekín, el gobierno manchú se dio cuenta de la inutilidad de su política. En 1.902 adoptó su propio programa de reformas e hizo planes para establecer un gobierno constitucional limitado, según el modelo japonés. En 1.905 se abandonó el antiguo sistema de exámenes para los funcionarios.

Era tarde para los manchúes. Poco después de la Guerra Chino-japonesa, Sun Yat-sen, formado según el modelo occidental, había iniciado un movimiento revolucionario dedicado a establecer un gobierno republicano.
Durante la primera década del siglo XX, los revolucionarios atrajeron a estudiantes, comerciante chinos con el extranjero y grupos nacionales poco satisfechos con el gobierno manchú. A mediados de 1.911 tuvieron lugar levantamientos como protesta contra el programa de nacionalización del ferrocarril Qing y en Octubre de ese año estalló la Revolución republicana en Hankou (en la actualidad, parte de la ciudad de Wuhan), en China central, extendiéndose a otras provincias, mientras Sun tomaba el control de la revuelta. Los ejércitos manchúes, reorganizados por el general Yuan Shikai, eran claramente superiores a las fuerzas rebeldes, pero Yuan solo aplicó una presión militar limitada y negoció con los dirigentes rebeldes ser designado presidente de un nuevo gobierno republicano.
El 12 de Febrero de 1.912 Sun Yat-sen cedió su puesto de presidente provisional en favor de Yuan y sumisamente los manchúes se retiraron del poder. El 14 de Febrero de 1.912 una asamblea revolucionaria reunida en Nanjing eligió a Yuan primer presidente de la República de China.

Continuará...

12/10/17

La Rebelión Taiping (I)

Emperatriz Dowager Cixi o Zishi gobernó de facto y durante 47 años (desde 1861 hasta 1908) la dinastía Qing o Manchú, que fue la última dinastía imperial china.

Durante la década de 1.850 se agitaron los cimientos del imperio por la rebelión Taiping, una revolución popular de origen religioso, social y económico. Su dirigente, Hong Xiuquan se llegó a considerar a sí mismo hermano pequeño de Jesucristo, al que por mandato divino se le había ordenado deshacerse del mandato manchú de China y establecer una dinastía cristiana.

La rebelión surgió en la provincia de Guangxi en 1.851; hacia 1.853 los Taiping se habían desplazado hacia el norte y establecido su capital en Nanjing. Aunque no fueron capaces de ocupar Pekín, hacia 1.860 estaban firmemente atrincherados en el valle del Yangzi Jiang y amenazaban Shanghai.
La dinastía manchú, enfrentada a la realidad de tener que mantener relaciones con los más poderosos Estados occidentales y destrozada por una rebelión interna de proporciones sin precedentes, pretendió reformar su política para garantizar la supervivencia del imperio. Desde 1.860 a 1.895 se hicieron intentos para restaurar el gobierno siguiendo principios confucianos con el fin de solucionar los problemas internos, sociales y económicos, y permitir la introducción de tecnología occidental que reforzara el poder del Estado.
Los manchúes eran incapaces de proporcionar las directrices para tales programas, por lo que los reformistas se dirigieron hacia los oficiales chinos de las provincias. Gracias al poder imperial que les había concedido una mayor autoridad financiera, administrativa y militar, algunos de estos oficiales chinos habían tenido importantes éxitos al llevar a cabo sus programas.
Durante las décadas de 1.860 y 1.870, en gran medida a través de los esfuerzos de los gobernadores Tseng Kuo-Fan y Li Hongzhang, se sofocó la rebelión Taiping, se restauró la paz interna, se establecieron arsenales y astilleros, y se abrieron varias minas.
Sin embargo, los objetivos de mantener un gobierno confuciano y desarrollar un poder militar moderno eran básicamente incompatibles. La dirección de este programa de modernizaciones fue desempeñada por los burócratas neoconfucianos graduados, siguiendo el sistema de exámenes para funcionarios públicos, pero estos hombres estaban pobremente equipados o estaban encargados de llevar a cabo programas parciales de modernización cuyo objetivo era aumentar el poder estatal; en consecuencia, los esfuerzos de China por fortalecerse desde 1.860 a 1.895 fueron inútiles.

En principio, los Estados occidentales tendían a consolidar sus beneficios bajo la firma de tratados desiguales más que a buscar privilegios adicionales. Sin embargo, en 1.875 Occidente y Japón comenzaron a desmantelar el sistema chino de estados tributarios, mantenidos en el sureste de Asia. Desde 1.875 las islas Ryūkyū cayeron bajo el control japonés. La Guerra Chino-francesa de 1.884 y 1.885 puso Tonkín bajo el imperio colonial francés y al año siguiente Gran Bretaña ocupó Birmania.
En 1.860 Rusia obtuvo las provincias marítimas del norte de Dongbei Pingyuan (Manchuria) y los territorios al norte del río Amur.

Continuará...